Acapulco y Cancún, los paraísos perdidos

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Benjamín Torres

Cuando Acapulco empezó la debacle a causa de los corruptos gobiernos estatales y municipales, combinado con la llegada del crimen organizado al estado sureño, simplemente se esfumó la época dorada del otrora famoso puerto y destino favorito del jet set. Como en muchos otros temas del acontecer nacional, el gobierno federal reaccionó de manera tímida y, hasta la fecha, no ha podido posicionar nuevamente —como en sus mejores épocas— al hoy ensangrentado balneario.

Transformado en un campo de batalla cotidiano por los diversos cárteles de la droga, Acapulco se asemeja a una gigantesca fosa clandestina. El maravilloso lugar para vacacionar, para escaparse el fin de semana, y desde luego, el sitio favorito de los recién casados, poco a poco  fue relegado de las preferencias internacionales y, posteriormente, de los turistas nacionales. Balaceras, muertos, secuestros, extorsiones, cobros de piso y el cierre constante de la Autopista del Sol son aspectos negativos que los paseantes no desean experimentar. Se buscaron otras alternativas.

Una de las opciones que encontró el viajero fue Cancún, Quintana Roo, una joya del Caribe mexicano. Con una amplia y eficiente infraestructura para recibir al turismo, el bello lugar se convirtió pronto en destino preferido de extranjeros y nacionales. Por sus atractivos naturales y privilegiada ubicación, Cancún está en el deseo de los paseantes. Eso provocó un boom y el rápido desarrollo de la zona.

Pero como usualmente sucede cuando hay éxito, dinero y plusvalía, Cancún se tornó en codiciada presa de políticos corruptos y de los poderosos barones de la droga. Los primeros, realizando negocios y llenándose los bolsillos bajo el amparo de los puestos públicos y saqueando las arcas estatales y municipales, como lo hizo el repudiado ex gobernador priista Roberto Borge Angulo, hoy preso en Panamá. Los segundos, pulverizando el estado de derecho a punta de balas.

Y la historia parece hermanar en la tragedia a dos poblaciones que merecidamente en su momento alcanzaron la fama internacional de forma similar, merced a un buen proyecto y trabajo conjunto de empresarios, sociedad e incluso del gobierno. Actualmente, Acapulco es uno de los municipios más peligrosos que existen en México, donde los crímenes son asunto común, donde a pesar del envío de fuerzas federales las ejecuciones no cesan y cientos de comercios se han visto obligados a cerrar por las recurrentes extorsiones y cobros de piso. También por la drástica caída en las ventas generada por el desplome del turismo, principalmente nacional, aunado a la cancelación de cruceros que solían hacer escala en el puerto. Sí, Acapulco se transformó —o lo transformaron— de un paraíso a un infierno.

Hoy, Cancún parece seguir la misma ruta de la ex paradisiaca perla del Pacífico. Los abusos y atracos de la clase política afectan directamente el bienestar de la población. Las más de 60 ejecuciones en lo que va del año muestran el nivel de inseguridad que azota y atemoriza a la sociedad quintanarroense. Los males que llegaron para arrasar a Acapulco son evidentes y están ya presentes en el emblemático Cancún. Comandos ejecutando a miembros de bandas rivales y a elementos policiacos, balaceras en las calles, motines en las cárceles, el narcotráfico a todo lo que da, es decir, sembrando el terror en pleno, no importa que el gobierno insista falazmente en negar la crítica situación de inseguridad y caos que enfrenta el todavía rentable destino turístico.

Desde luego que las instancias oficiales y los organismos internacionales pueden seguir organizando cuanto evento quieran para intentar enviar mensajes hacia el exterior de que Cancún es seguro. ¿Por cuánto tiempo? No sabemos en qué momento empezará, por ejemplo, el Departamento de Estado de los Estados Unidos a incluir sistemáticamente en sus alertas de viaje a Cancún. Aunque el flujo turístico más importante que procede de otros países hacia este destino es originario de Europa —principalmente en invierno—, los visitantes estadunidenses son una fuente de ingresos muy representativa para el municipio de Benito Juárez y el estado caribeño.

Aún con los indeseables y estridentes spring breakers, el turismo que llega de nuestro vecino del norte es necesario para la economía de Quintana Roo. De ahí el riesgo de que una mala nota aplicada por el gobierno de Trump a causa de la desbordada inseguridad pudiera causar serios estragos en las arcas estatales y severos efectos sociales. Muchos de los pobladores dependen económicamente del turismo. Mas no son los ‘gringos’ únicamente los que ante un escenario sangriento, y advertidos por sus autoridades, decidan excluir a México de sus itinerarios, sino como ola expansiva, europeos, asiáticos y canadienses opten por lo mismo.

¿Mostrará el gobierno federal en Cancún la misma indolencia y desinterés con los que por años actuó en Acapulco? No tiene opción, debe rescatar de inmediato a Cancún de las manos criminales, antes que se convierta totalmente en otro infierno dantesco. Igual que Acapulco.

@BTU15