AMLO, otra vez su intolerancia

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Benjamín Torres

Una vez más, Andrés Manuel López Obrador —ese candidato tan popular que encabeza las preferencias electorales rumbo a las elecciones presidenciales del próximo 1 de julio— mostró abiertamente una de sus facetas que más puntos negativos le acarrea: la profunda intolerancia a la crítica. Esta semana el dueño de Morena se empleitó con Jesús Silva-Herzog Márquez, por este tildarlo de oportunista en un artículo de Reforma, y luego con Enrique Krauze, quien defendió al articulista.

“Hace tiempo que Jesús Silva-Herzog Márquez me cuestiona con conjeturas de toda índole. Hoy, en el periódico Reforma, me acusa sin motivo de oportunista. Ni modo, son tiempos de enfrentar a la mafia del poder, a sus secuaces y articulistas conservadores con apariencia de liberales”, se apresuró a escribir López Obrador en su cuenta de Twitter.

“El mesianismo condena. El liberalismo debate”, posteó Enrique Krauze en su cuenta de la misma red social, aludiendo a la virulenta respuesta de López Obrador a Silva-Herzog. De inmediato vino la contestación del tabasqueño: “Enrique Krauze: en buena lid y con todo respeto, tú también eres de aquellos profundamente conservadores y que simulan, con apariencia de liberales. Y por supuesto que acepto la crítica y respeto el derecho a disentir”. La confrontación se amplió.

Flaco favor se hizo el Rayito de Esperanza al reaccionar con la intransigencia acostumbrada y que tantas animadversiones le acarrea entre un sector de posibles votantes. Además, les da argumentos a sus adversarios políticos para atacarlo por ese flanco. En esta ocasión, don Andrés Manuel parece haber caído torpemente en la provocación y pudo ser exhibido como el peligroso intolerante que subyace en quien pudiera llegar a convertirse en el próximo presidente de la República.

No es la primera vez que el virtual candidato de Morena para llegar a Los Pinos riñe con quienes se atreven a criticarlo. El año pasado, durante una entrevista radiofónica que le realizó el periodista José Cárdenas, en Radio Fórmula, al ser cuestionado acerca de la alianza de Morena con Elba Esther Gordillo, el célebre Peje perdió la compostura y respondió: “Yo no tengo ninguna alianza con la maestra Elba Esther Gordillo, ya no sigan calumniando ustedes, lo digo con todo respeto, hagan un periodismo independiente, distante del poder, cercano al pueblo y digan la verdad, Pepe”.

Desde luego que López Obrador tiene el derecho inalienable a refutar, a disentir, eso no está a discusión. Lo controvertible son las formas que utiliza para hacerlo. Falta inteligencia para responder, con argumentos sólidos y creíbles, aquellos conceptos, opiniones y “periodicazos” que le dan y le seguirán aplicando. Es una figura pública y está expuesto permanentemente al escrutinio de los medios y la sociedad. Así que hay que cuidar las maneras. Él lo sabe: en política la forma es fondo.

Las posibilidades de que Andrés Manuel López Obrador gane el próximo 1 de julio son muy altas, guste o no a sus malquerientes y detractores. Pero exabruptos como los utilizados para contestar a Jesús Silva-Herzog Márquez y Enrique Krauze en nada ayudan a posicionarlo como un candidato que no sea un peligro para México, como insisten en “venderlo” a un grueso de la población.

Intentar descalificar permanentemente a todos aquellos que expresan críticas en contra del político que se autonombró como un Rayito de Esperanza es un despropósito y un ejercicio ocioso. Las armas eficaces contra esa crítica son las ideas, las propuestas, los argumentos; no los insultos ni la cerrazón. En ese terreno fangoso de las agresiones nadie gana, ni los candidatos ni la sociedad ni la democracia. La opinión pública está harta de las guerras de lodo en la cada vez más desacreditada arena política y de sus repudiados actores.

“Andrés Manuel López Obrador: en buena lid y con el mismo respeto, creo que tu concepto de liberalismo está profundamente equivocado. Hallemos el espacio para debatirlo”, le reviró Enrique Krauze. En lo último estamos absolutamente de acuerdo: resulta imprescindible debatir las diferencias. Descalificar sistemáticamente a quienes piensan y opinan de manera diferente no es sano en un México donde lo que menos falta es violencia y agresiones. Nadie lo desea ni lo necesita.

México enfrenta graves problemas y requiere de un golpe efectivo de timón. Necesita con urgencia un líder que conduzca a esta gran nación hacia mejores niveles de desarrollo, bienestar, educación, justicia y, sobre todo, seguridad. La paz que tanto anhelan millones de habitantes que a diario son atormentados por la violencia desbordada y el cáncer de la corrupción gubernamental.

Por ello, el país precisa de políticos del más alto nivel, que aporten en los hechos y no en la palabrería insulsa e incendiaria, que convenzan con ideas; no que se entrampen en demagogia y “pleitos de taberna”. La nación demanda un guía de verdad y si López Obrador aspira a serlo, debe superar inteligentemente su fobia a la crítica, pues ésta es inherente a la actividad política.

@BTU15