AMLO, Sheinbaum y Alberto Anaya

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Benjamín Torres

Andrés Manuel López Obrador, gran aficionado al beisbol, debe estar disfrutando al máximo la interesantísima Serie Mundial para relajarse a fondo luego de que le estallaron dos bombas que no imaginaba ni esperaba: el caso Claudia Sheinbaum y el tema de Alberto Anaya Gutiérrez.

El temblor del pasado 19 de septiembre trastocó los planes del tabasqueño respecto a la candidatura de la actual delegada de Tlalpan para competir por el Gobierno de la Ciudad de México. La señora Sheinbaum, con el cursi nombramiento de coordinadora de Organización en la Ciudad de México, otorgado por el propietario de Morena, ya se veía despachando en el antiguo edificio del Ayuntamiento, ahí donde hace algunos años lo hizo su jefe político. No obstante, las corruptelas y omisiones delegacionales exhibidas por el colapso del Colegio Rebsamen dinamitaron las pretensiones de la exesposa de don Carlos Ímaz, exdelegado de Tlalpan.

La farsa morenista para dizque elegir al mejor militante posicionado entre quienes en ese momento aspiraban a la gubernatura capitalina simplemente resultó grotesca, y al Mesías Tropical no le importó arrollar a Ricardo Monreal, titular de la Cuauhtémoc, una de las demarcaciones más importante en la capital. El zacatecano fue tratado de forma oprobiosa y relegado al cuarto lugar en los resultados de la dichosa encuesta inventada para tal fin. La consentida era y es Sheinbaum.

Hoy, contra el autoritarismo que caracteriza a López Obrador, ha tenido que aceptar su yerro y manifestar públicamente: “En Morena buscamos el cambio, los del PRI de arriba, los del llamado Frente Opositor o ciudadanos son comparsa, no quieren el cambio, entonces voy a buscar a Ricardo Monreal para que siga con nosotros y no se vaya con los de la mafia del poder”.

Monreal es un viejo zorro y ha jugado muy bien sus cartas. Sabe manejar correctamente los tiempos en la política. Tampoco se ha dejado seducir por el “canto de las sirenas” que insistentemente le susurran al oído algunos partidos políticos, incluido el PRI. Si bien no son pocos los detractores del exgobernador de Zacatecas por los saldos negativos que dejó durante su gobierno en aquella entidad, incluso por la mediocre gestión en la Cuauhtémoc, las posibilidades de alzarse con el triunfo, si compite por la gubernatura capitalina a través de otro partido que no sea la franquicia del Rayito de Esperanza, son muy altas. Ello ha provocado que se cotice caro.

Ahí radica el temor de don Andrés: perder la capital de la República. Por la importancia política y económica, una derrota sería desastrosa, independientemente de si gana o no en 2018. Los vastos recursos y la importancia mediática que derivan de la Jefatura del Gobierno de la Ciudad de México no son poca cosa. El Peje lo sabe y no está dispuesto a ceder tan estratégica posición, aunque ello implique rogarle al vilipendiado Ricardo Monreal. En política, nadie está muerto.

Hablando de muertos, el Partido del Trabajo (PT) —que fue revivido por el PRI luego de encontrarse en fase terminal— es otro de los asuntos que incomodan a López Obrador. Habiendo traicionado al Revolucionario Institucional para apoyar a Morena —lo cual no sorprende a nadie—, ahora Alberto Anaya Gutiérrez, el cacique de este partido satélite, está bajo la lupa del gobierno federal. María Guadalupe Rodríguez Martínez, esposa de Anaya y dirigente de los Centros de Desarrollo Infantil (Cendis), está siendo investigada por los 100 millones de pesos que el gobierno de Nuevo León depositó a su cuenta. Por lo pronto, el dirigente del PT en Aguascalientes, Héctor Quiroz García, quien habría recibido 12 millones de ese dinero, fue vinculado ya a proceso penal acusado de realizar operaciones con recursos de procedencia ilícita. El golpe es severo para AMLO.

Por lo pronto, el máximo líder morenista intenta expiar rápidamente  las culpas de Alberto Anaya y su clan. “Nosotros vamos a defender a los dirigentes del PT…. se les está acusando de actos de corrupción, cuando es una vil venganza, represalia”. Es decir, mete las manos al fuego para defender lo que a todas luces es indefendible. Ello puede significar un alto costo político para López Obrador, quien a pesar de contar con una ventaja importante en las encuestas rumbo a Los Pinos, no puede ir dejando en el camino puntos que al final le pueden hacer falta en su tercer intento por lograr la Presidencia de la República. Anaya Gutiérrez y su PT son un pesado lastre.

@BTU15