Bendita burocracia

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Jaime Neftalí

Es un hecho que en nuestro país, a lo largo y ancho de sus más de dos mil cuatrocientos municipios y sus treinta y dos entidades federativas, hablar de burocracia es asociar de inmediato los efectos de la lentitud e ineficiencia del sector público, el malestar ciudadano frente al conjunto de ventanillas inservibles y la muralla en forma de empleados mal encarados; reflexionar acerca del fenómeno endémico de tener que llevar un excesivo número de trámites para obtener escasos beneficios.

 

Burocracia, viene de Bureau= Escritorio y Kratos= Gobierno. Es el gobierno de los escritorios, es decir de los papeles. Percepción pública respecto las centenas de instituciones de gobierno que son sostenidas por el erario y que la mayoría de las veces son consideradas como elefantes blancos.

 

Aunque esto no sólo pasa en el gobierno, es común en la iniciativa privada complicar la cotidianidad con exceso de juntas o papeletas, de comunicación que medio comunica o artilugios que en lugar de apoyar la dinámica de los negocios y sus ciclos, entorpecen el funcionamiento de los procesos.

 

En términos clásicos de la administración, de entre las distintas corrientes del pensamiento administrativo destacan los postulados del sociólogo e historiador alemán Max Weber, precursor del llamado Estructuralismo. Alejado en principio del excesivo mecanicismo de las teorías científica y clásica así como de la nobleza y la bonhomía de la escuela de las relaciones humanas.

 

Recordemos esa dicotomía que existe en las organizaciones, decidir entre preocuparse por el resultado o la tarea o bien priorizar el bienestar del ser humano; entre considerar que los colaboradores deben ser máquinas que producen sin descanso o bien en respetar su naturaleza individual y su comportamiento en grupos sociales.

 

Entre ser un negrero o un barco…

 

Los principios y conceptos establecidos por Weber destacan los relativos a la autoridad, la comunicación, el comportamiento y la estructura.

 

Bien entendido y atendido el concepto de burocracia se reforzaría entonces la importancia de establecer una estructura organizacional sólida, con puestos y departamentos de funciones, actividades y niveles jerárquicos claros.

 

Si existe el cuerpo empresarial, lo demás será el alma: su misión, visión y valores. Su filosofía y entonces la personalidad destacará, eso que también se llama cultura organizacional.

 

Dicen que en nuestro país no hacen falta leyes adicionales, sino el sólo cumplimiento de ellas. No es que sean muchas o pocas instituciones, no se trata de cantidad sino de calidad.

 

Seamos estructurales, en cuerpo y alma.

 

Hasta la próxima.

 

 

@neftalimtz.