Andares Políticos

El sol caía a plomo ayer al mediodía sobre la gente que desde las once de la mañana se empezó a reunir afuera de la Catedral de la Ciudad de México.  Justamente frente al remodelado Zócalo, el corazón político y social de la república mexicana, convertido en los últimos tiempos en un gran foro de variedades.

Los terribles efectos del sismo que “movió a México” el pasado jueves 7 de septiembre dejaron, además de las decenas de muertos, a millones de damnificados y miles de viviendas destruidas, así como escuelas, iglesias, mercados y palacios municipales derruidos o severamente dañados. La presión para el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto no es menor en modo alguno. Lo sabemos.

Desde la media noche, luego del dantesco sismo de 8.2 grados que cimbró a una extensa parte de la república mexicana, inició la exhibición de imágenes mostrando escenas de la tragedia. Con el transcurrir de las horas y la ayuda efectiva de las redes sociales, quienes vivimos en entidades fuera de Oaxaca y Chiapas atestiguamos una vez más la inconmensurable generosidad de los mexicanos.

En pleno mes patrio, muchas vestiduras oficiales se rasgaron en México, al confirmarse la noticia de que Donald Trump, el inestable y peligroso presidente de los Estados Unidos, había decidido cancelar el Programa de Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA), determinación que podría afectar a por lo menos 600 mil dreamers nacidos en nuestro país.

Todo indica que el PRI asimiló muy bien la dolorosa lección cuando fue echado de Los Pinos en el 2000 por el PAN, con Vicente Fox a la cabeza. No hay peor error que aquel del que no se aprende nada. Y vaya que al partido tricolor le dejó una enorme enseñanza la debacle originada por la profunda división en su interior. El costo de la factura significó estar 12 años fuera del poder máximo, relegados como oposición en el Congreso, un oprobioso papel secundario.

La noticia de la semana no fue la enésima amenaza tuitera de Donald Trump respecto a que Estados Unidos podría abandonar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). Al peliteñido cada vez le hacen menos caso los mercados internacionales, pues rápido se dieron cuenta de que es más hablantín que pensante. Parece que ya ni en México se espantan. Aunque no deja de ser peligroso, particularmente si tiene acceso al arsenal nuclear de la unión americana.

En la estridente serie de dimes y diretes que están obsequiando a la opinión pública, los dirigentes del Partido Revolucionario Institucional y de Acción Nacional exhiben sus vastos recursos para denostarse mutuamente, luego de que los azules han puesto toda clase de obstáculos para nombrar al primer fiscal general de la República, pero también por el tema de la impugnada elección en Coahuila. Los panistas parecen no estar dispuestos a ceder en ninguno de los dos casos.

“Denme por muerto”, decía una y otra vez Andrés Manuel López Obrador cuando, siendo jefe de gobierno del entonces Distrito Federal, era cuestionado acerca de sus aspiraciones presidenciales en el 2006. Y sucedió lo que todos vimos: nunca estuvo muerto. Desde esa importante plataforma política se mantuvo en intensa campaña hasta el último día que despachó en el antiguo Palacio del Ayuntamiento. Las reiteradas negativas del tabasqueño simplemente resultaron un engaño.

Los privilegios que se otorgan a los partidos políticos en México producen en la ciudadanía una profunda molestia. Las prerrogativas son de tal cuantía que, permanentemente, vivales o grupos de ellos tratan a toda costa de fundar agrupaciones “dedicadas” a la política, con el fin primordial de vivir espléndidamente, enriquecerse inmoralmente, lucrar con toda clase de negocios, colocar a séquitos de familiares, amigos e incondicionales, y, si la protección lo permite, saquear el erario.

Apenas el mes pasado escuchamos al presidente Enrique Peña Nieto referirse con optimismo, en los siguientes términos, a los datos laborales dados a conocer por el IMSS, correspondientes a junio: “Estas cifras son relevantes porque, más que cualquier otro indicador económico, el empleo se ve reflejado directamente en el bienestar de las familias”.