Andares Políticos

Semiperdida, a media página en algunos de los portales de pocos diarios nacionales, apareció ayer una nota en cuya parte medular se podía leer: “Los servidores públicos del Banco de México se abstendrán de aceptar obsequios de cualquier persona u organización incluyendo del personal del propio banco, con motivo del ejercicio de sus funciones”. Una noticia por demás extraña en el contexto de las vastas corruptelas que victimizan a la sociedad mexicana. Eso, entre otros infiernos.

El pasado martes fue un día de muchas sonrisas en la Residencia Oficial de Los Pinos. No había caras largas como en otras ocasiones. El presidente Enrique Peña Nieto dio a conocer las cifras de los empleos generados en junio. Los números reflejaban un nuevo récord: 86 mil 233 fuentes de trabajo formales; más de medio millón de puestos laborales creados en la primera mitad del año, lo que ningún gobierno ha logrado, al menos en los últimos 30 años desde que se lleva registro.

En México, pareciera que desde hace tiempo se llegó al punto de ver relativamente normal hechos aberrantes, como el asesinato de 28 reos en un penal de Acapulco; de saber que Las Varas, un pueblo de Chihuahua, fue escenario de un enfrentamiento entre integrantes de cárteles rivales que arrojó 15 muertos; incluso de la masacre en Huehuetlán El Grande, Puebla, donde un comando terminó con la vida de nueve personas. Todo en una semana y, además, en un año que se perfila como el más violento de la historia reciente y en el cual el gobierno ha fracaso estrepitosamente.

México  gasta mucho dinero en el rubro de la llamada protección civil, un área neurálgica que de ningún modo puede ni debe ser descuidada. No obstante, para muchos municipios esta labor es prácticamente letra muerta, pues prever les parece un concepto ajeno y sin importancia, al que muchos alcaldes consideran secundario y de plano lo obvian. 

El viernes pasado, atrapado en el crónico y letal tráfico del Valle de México, observé con mucha curiosidad un anuncio de los conocidos como espectaculares. Era enorme, de color azul, con una leyenda que abarca casi toda la superficie: “Por un gobierno que no te dé vergüenza”. La publicidad es a favor de la panista Margarita Zavala, quien aspira llegar a Los Pinos en 2018.

Cuando Acapulco empezó la debacle a causa de los corruptos gobiernos estatales y municipales, combinado con la llegada del crimen organizado al estado sureño, simplemente se esfumó la época dorada del otrora famoso puerto y destino favorito del jet set. Como en muchos otros temas del acontecer nacional, el gobierno federal reaccionó de manera tímida y, hasta la fecha, no ha podido posicionar nuevamente —como en sus mejores épocas— al hoy ensangrentado balneario.

Las distracciones de Miguel Ángel Mancera Espinosa, el jefe de Gobierno de la Ciudad de México, no iniciaron en fechas recientes. Desde que vislumbró la posibilidad de ser candidato a la Presidencia de la República, la gran metrópoli resintió el descuido y se agudizaron los serios problemas de inseguridad, narcotráfico, vialidad, ambulantaje, contaminación e inundaciones, entre otras calamidades que son una constante en la agobiada administración capitalina.

El gobierno peñista preparó todo con antelación. Sus temores de una derrota en el Estado de México eran bien fundados. El hartazgo de los mexiquenses por tanta violencia y el deprimente nivel de vida en la entidad —principalmente en las zonas más pauperizadas— se mezclaron en un peligroso y tóxico coctel con la deplorable gestión del gobernador priista Eruviel Ávila Villegas.

México está convertido en un Estado fallido a causa de la violencia, el narcotráfico y la desigualdad, afirmó este fin de semana Nicolás Maduro, el dictadorzuelo que gobierna al otro próspero país venezolano. El primer sentimiento que surge de manera instantánea es ignorar al miserable remedo de Hugo Chávez, quien tiene instaurada de facto una condenable dictadura en la nación sudamericana.

“¡Justicia, no más impunidad, no más discursos!”, resonaron las voces de periodistas en la Residencia Oficial de Los Pinos, el pasado miércoles, cuando el presidente Enrique Peña Nieto instó a los integrantes de la Conago y a funcionarios que asistían a la presentación de las Acciones para la libertad de expresión y para la protección de periodistas y defensores, a guardar un minuto de silencio por “todas las personas, periodistas y defensores de derechos humanos que, lamentablemente, en el ejercicio de su tarea, de su lucha, han caído en el cumplimiento de ese deber y de esa tarea a la que se han entregado”. No hubo respuesta. No había argumentos.