Andares Políticos

Todo indica que el PRI asimiló muy bien la dolorosa lección cuando fue echado de Los Pinos en el 2000 por el PAN, con Vicente Fox a la cabeza. No hay peor error que aquel del que no se aprende nada. Y vaya que al partido tricolor le dejó una enorme enseñanza la debacle originada por la profunda división en su interior. El costo de la factura significó estar 12 años fuera del poder máximo, relegados como oposición en el Congreso, un oprobioso papel secundario.

La noticia de la semana no fue la enésima amenaza tuitera de Donald Trump respecto a que Estados Unidos podría abandonar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). Al peliteñido cada vez le hacen menos caso los mercados internacionales, pues rápido se dieron cuenta de que es más hablantín que pensante. Parece que ya ni en México se espantan. Aunque no deja de ser peligroso, particularmente si tiene acceso al arsenal nuclear de la unión americana.

En la estridente serie de dimes y diretes que están obsequiando a la opinión pública, los dirigentes del Partido Revolucionario Institucional y de Acción Nacional exhiben sus vastos recursos para denostarse mutuamente, luego de que los azules han puesto toda clase de obstáculos para nombrar al primer fiscal general de la República, pero también por el tema de la impugnada elección en Coahuila. Los panistas parecen no estar dispuestos a ceder en ninguno de los dos casos.

“Denme por muerto”, decía una y otra vez Andrés Manuel López Obrador cuando, siendo jefe de gobierno del entonces Distrito Federal, era cuestionado acerca de sus aspiraciones presidenciales en el 2006. Y sucedió lo que todos vimos: nunca estuvo muerto. Desde esa importante plataforma política se mantuvo en intensa campaña hasta el último día que despachó en el antiguo Palacio del Ayuntamiento. Las reiteradas negativas del tabasqueño simplemente resultaron un engaño.

Los privilegios que se otorgan a los partidos políticos en México producen en la ciudadanía una profunda molestia. Las prerrogativas son de tal cuantía que, permanentemente, vivales o grupos de ellos tratan a toda costa de fundar agrupaciones “dedicadas” a la política, con el fin primordial de vivir espléndidamente, enriquecerse inmoralmente, lucrar con toda clase de negocios, colocar a séquitos de familiares, amigos e incondicionales, y, si la protección lo permite, saquear el erario.

Apenas el mes pasado escuchamos al presidente Enrique Peña Nieto referirse con optimismo, en los siguientes términos, a los datos laborales dados a conocer por el IMSS, correspondientes a junio: “Estas cifras son relevantes porque, más que cualquier otro indicador económico, el empleo se ve reflejado directamente en el bienestar de las familias”.

El caso de Rafael Márquez Álvarez ha sido analizado en estos días de manera seria y objetiva, pero también a priori de forma frívola, simplona y torpe. El tema no puede ser reducido a la simple etiqueta circense de un futbolista cualquiera, ligado presuntamente a un capo del crimen organizado. El famoso Kaiser es nada menos que el capitán de la Selección Mexicana de Futbol, deporte que domina abrumadoramente nuestro país y del cual se derivan una serie de implicaciones sociales. Referirse al futbol sólo como un deporte es hacerlo de modo miope.

“Chango viejo no aprende maroma nueva”, dice el refrán popular. Aunque para aplicarlo al Partido Revolucionario Institucional (PRI), deberíamos incurrir en la necesaria adaptación: “Dinosaurio viejo se extingue por sus mañas”. Y hay elementos suficientes para corroborar la teoría.

Me entero que el presidente Enrique Peña Nieto suspenderá sus actividades públicas desde este martes 1 de agosto, y hasta el próximo viernes 4, con motivo del periodo vacacional, según un comunicado oficial. Mi primera reacción es de envidia y por un instante me pregunto en qué paraíso del territorio nacional se relajará, sin tumultos, con el Estado Mayor cuidándolo a él y su familia, lejos de la infernal violencia que inexorablemente devasta amplias zonas de la República y, sobre todo, supongo —aunque esto parezca una banalidad—, sin afectar sus finanzas personales.

La capital de la república mexicana es una de las ciudades más fascinantes que existen en el mundo. Millones de visitantes llegan cada año a ella para deleitarse con la vastedad de sus atractivos culturales, sociales, geográficos, arqueológicos y las delicias de su afamada gastronomía.