Andares Políticos

En la estridente serie de dimes y diretes que están obsequiando a la opinión pública, los dirigentes del Partido Revolucionario Institucional y de Acción Nacional exhiben sus vastos recursos para denostarse mutuamente, luego de que los azules han puesto toda clase de obstáculos para nombrar al primer fiscal general de la República, pero también por el tema de la impugnada elección en Coahuila. Los panistas parecen no estar dispuestos a ceder en ninguno de los dos casos.

“Denme por muerto”, decía una y otra vez Andrés Manuel López Obrador cuando, siendo jefe de gobierno del entonces Distrito Federal, era cuestionado acerca de sus aspiraciones presidenciales en el 2006. Y sucedió lo que todos vimos: nunca estuvo muerto. Desde esa importante plataforma política se mantuvo en intensa campaña hasta el último día que despachó en el antiguo Palacio del Ayuntamiento. Las reiteradas negativas del tabasqueño simplemente resultaron un engaño.

Los privilegios que se otorgan a los partidos políticos en México producen en la ciudadanía una profunda molestia. Las prerrogativas son de tal cuantía que, permanentemente, vivales o grupos de ellos tratan a toda costa de fundar agrupaciones “dedicadas” a la política, con el fin primordial de vivir espléndidamente, enriquecerse inmoralmente, lucrar con toda clase de negocios, colocar a séquitos de familiares, amigos e incondicionales, y, si la protección lo permite, saquear el erario.

Apenas el mes pasado escuchamos al presidente Enrique Peña Nieto referirse con optimismo, en los siguientes términos, a los datos laborales dados a conocer por el IMSS, correspondientes a junio: “Estas cifras son relevantes porque, más que cualquier otro indicador económico, el empleo se ve reflejado directamente en el bienestar de las familias”.

El caso de Rafael Márquez Álvarez ha sido analizado en estos días de manera seria y objetiva, pero también a priori de forma frívola, simplona y torpe. El tema no puede ser reducido a la simple etiqueta circense de un futbolista cualquiera, ligado presuntamente a un capo del crimen organizado. El famoso Kaiser es nada menos que el capitán de la Selección Mexicana de Futbol, deporte que domina abrumadoramente nuestro país y del cual se derivan una serie de implicaciones sociales. Referirse al futbol sólo como un deporte es hacerlo de modo miope.

“Chango viejo no aprende maroma nueva”, dice el refrán popular. Aunque para aplicarlo al Partido Revolucionario Institucional (PRI), deberíamos incurrir en la necesaria adaptación: “Dinosaurio viejo se extingue por sus mañas”. Y hay elementos suficientes para corroborar la teoría.

Me entero que el presidente Enrique Peña Nieto suspenderá sus actividades públicas desde este martes 1 de agosto, y hasta el próximo viernes 4, con motivo del periodo vacacional, según un comunicado oficial. Mi primera reacción es de envidia y por un instante me pregunto en qué paraíso del territorio nacional se relajará, sin tumultos, con el Estado Mayor cuidándolo a él y su familia, lejos de la infernal violencia que inexorablemente devasta amplias zonas de la República y, sobre todo, supongo —aunque esto parezca una banalidad—, sin afectar sus finanzas personales.

La capital de la república mexicana es una de las ciudades más fascinantes que existen en el mundo. Millones de visitantes llegan cada año a ella para deleitarse con la vastedad de sus atractivos culturales, sociales, geográficos, arqueológicos y las delicias de su afamada gastronomía.

Semiperdida, a media página en algunos de los portales de pocos diarios nacionales, apareció ayer una nota en cuya parte medular se podía leer: “Los servidores públicos del Banco de México se abstendrán de aceptar obsequios de cualquier persona u organización incluyendo del personal del propio banco, con motivo del ejercicio de sus funciones”. Una noticia por demás extraña en el contexto de las vastas corruptelas que victimizan a la sociedad mexicana. Eso, entre otros infiernos.

El pasado martes fue un día de muchas sonrisas en la Residencia Oficial de Los Pinos. No había caras largas como en otras ocasiones. El presidente Enrique Peña Nieto dio a conocer las cifras de los empleos generados en junio. Los números reflejaban un nuevo récord: 86 mil 233 fuentes de trabajo formales; más de medio millón de puestos laborales creados en la primera mitad del año, lo que ningún gobierno ha logrado, al menos en los últimos 30 años desde que se lleva registro.