Andares Políticos

Presté mucha atención a las palabras que el conocido periodista mexicano Jorge Ramos Ávalos dirigió a los graduados de la Universidad Iberoamericana, en el campus de la Ciudad de México, el pasado lunes 2 de octubre —coincidentemente en el 49 aniversario de la matanza en Tlatelolco—.

Los recientes sucesos han puesto al descubierto la corrupción que prevalece en algunas de nuestras instituciones, que son las encargadas de salvaguardar nuestra seguridad y la de nuestras familias, afirmó este martes el presidente ejecutivo y del Consejo de Administración del periódico El Universal, Juan Francisco Ealy Ortiz, al referirse a los sismos del pasado septiembre.

En México, los políticos nunca tienen la culpa de sus atrocidades y negligencias. Excepto que, llenos de soberbia y estupidez, se atrevan a desafiar al establishment, o de plano se conviertan en objeto de oscuros deseos con el propósito de cobrar venganza. Los casos recientes de Javier y César Duarte, Roberto Borge y Tomás Yarrington ilustran de manera puntual ese accionar.

Sentarse a escribir representa para este columnista, la gran mayoría de las veces, una tarea placentera, además de catártica. Hoy no es así. El ambiente de pesadumbre y dolor que impregna la tragedia provocada por los sismos de los días 7 y 19 de este mes resulta francamente perturbador.

El sol caía a plomo ayer al mediodía sobre la gente que desde las once de la mañana se empezó a reunir afuera de la Catedral de la Ciudad de México.  Justamente frente al remodelado Zócalo, el corazón político y social de la república mexicana, convertido en los últimos tiempos en un gran foro de variedades.

Los terribles efectos del sismo que “movió a México” el pasado jueves 7 de septiembre dejaron, además de las decenas de muertos, a millones de damnificados y miles de viviendas destruidas, así como escuelas, iglesias, mercados y palacios municipales derruidos o severamente dañados. La presión para el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto no es menor en modo alguno. Lo sabemos.

Desde la media noche, luego del dantesco sismo de 8.2 grados que cimbró a una extensa parte de la república mexicana, inició la exhibición de imágenes mostrando escenas de la tragedia. Con el transcurrir de las horas y la ayuda efectiva de las redes sociales, quienes vivimos en entidades fuera de Oaxaca y Chiapas atestiguamos una vez más la inconmensurable generosidad de los mexicanos.

En pleno mes patrio, muchas vestiduras oficiales se rasgaron en México, al confirmarse la noticia de que Donald Trump, el inestable y peligroso presidente de los Estados Unidos, había decidido cancelar el Programa de Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA), determinación que podría afectar a por lo menos 600 mil dreamers nacidos en nuestro país.

Todo indica que el PRI asimiló muy bien la dolorosa lección cuando fue echado de Los Pinos en el 2000 por el PAN, con Vicente Fox a la cabeza. No hay peor error que aquel del que no se aprende nada. Y vaya que al partido tricolor le dejó una enorme enseñanza la debacle originada por la profunda división en su interior. El costo de la factura significó estar 12 años fuera del poder máximo, relegados como oposición en el Congreso, un oprobioso papel secundario.

La noticia de la semana no fue la enésima amenaza tuitera de Donald Trump respecto a que Estados Unidos podría abandonar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). Al peliteñido cada vez le hacen menos caso los mercados internacionales, pues rápido se dieron cuenta de que es más hablantín que pensante. Parece que ya ni en México se espantan. Aunque no deja de ser peligroso, particularmente si tiene acceso al arsenal nuclear de la unión americana.