Andares Políticos

El caso de Rafael Márquez Álvarez ha sido analizado en estos días de manera seria y objetiva, pero también a priori de forma frívola, simplona y torpe. El tema no puede ser reducido a la simple etiqueta circense de un futbolista cualquiera, ligado presuntamente a un capo del crimen organizado. El famoso Kaiser es nada menos que el capitán de la Selección Mexicana de Futbol, deporte que domina abrumadoramente nuestro país y del cual se derivan una serie de implicaciones sociales. Referirse al futbol sólo como un deporte es hacerlo de modo miope.

“Chango viejo no aprende maroma nueva”, dice el refrán popular. Aunque para aplicarlo al Partido Revolucionario Institucional (PRI), deberíamos incurrir en la necesaria adaptación: “Dinosaurio viejo se extingue por sus mañas”. Y hay elementos suficientes para corroborar la teoría.

Me entero que el presidente Enrique Peña Nieto suspenderá sus actividades públicas desde este martes 1 de agosto, y hasta el próximo viernes 4, con motivo del periodo vacacional, según un comunicado oficial. Mi primera reacción es de envidia y por un instante me pregunto en qué paraíso del territorio nacional se relajará, sin tumultos, con el Estado Mayor cuidándolo a él y su familia, lejos de la infernal violencia que inexorablemente devasta amplias zonas de la República y, sobre todo, supongo —aunque esto parezca una banalidad—, sin afectar sus finanzas personales.

La capital de la república mexicana es una de las ciudades más fascinantes que existen en el mundo. Millones de visitantes llegan cada año a ella para deleitarse con la vastedad de sus atractivos culturales, sociales, geográficos, arqueológicos y las delicias de su afamada gastronomía.

Semiperdida, a media página en algunos de los portales de pocos diarios nacionales, apareció ayer una nota en cuya parte medular se podía leer: “Los servidores públicos del Banco de México se abstendrán de aceptar obsequios de cualquier persona u organización incluyendo del personal del propio banco, con motivo del ejercicio de sus funciones”. Una noticia por demás extraña en el contexto de las vastas corruptelas que victimizan a la sociedad mexicana. Eso, entre otros infiernos.

El pasado martes fue un día de muchas sonrisas en la Residencia Oficial de Los Pinos. No había caras largas como en otras ocasiones. El presidente Enrique Peña Nieto dio a conocer las cifras de los empleos generados en junio. Los números reflejaban un nuevo récord: 86 mil 233 fuentes de trabajo formales; más de medio millón de puestos laborales creados en la primera mitad del año, lo que ningún gobierno ha logrado, al menos en los últimos 30 años desde que se lleva registro.

En México, pareciera que desde hace tiempo se llegó al punto de ver relativamente normal hechos aberrantes, como el asesinato de 28 reos en un penal de Acapulco; de saber que Las Varas, un pueblo de Chihuahua, fue escenario de un enfrentamiento entre integrantes de cárteles rivales que arrojó 15 muertos; incluso de la masacre en Huehuetlán El Grande, Puebla, donde un comando terminó con la vida de nueve personas. Todo en una semana y, además, en un año que se perfila como el más violento de la historia reciente y en el cual el gobierno ha fracaso estrepitosamente.

México  gasta mucho dinero en el rubro de la llamada protección civil, un área neurálgica que de ningún modo puede ni debe ser descuidada. No obstante, para muchos municipios esta labor es prácticamente letra muerta, pues prever les parece un concepto ajeno y sin importancia, al que muchos alcaldes consideran secundario y de plano lo obvian. 

El viernes pasado, atrapado en el crónico y letal tráfico del Valle de México, observé con mucha curiosidad un anuncio de los conocidos como espectaculares. Era enorme, de color azul, con una leyenda que abarca casi toda la superficie: “Por un gobierno que no te dé vergüenza”. La publicidad es a favor de la panista Margarita Zavala, quien aspira llegar a Los Pinos en 2018.

Cuando Acapulco empezó la debacle a causa de los corruptos gobiernos estatales y municipales, combinado con la llegada del crimen organizado al estado sureño, simplemente se esfumó la época dorada del otrora famoso puerto y destino favorito del jet set. Como en muchos otros temas del acontecer nacional, el gobierno federal reaccionó de manera tímida y, hasta la fecha, no ha podido posicionar nuevamente —como en sus mejores épocas— al hoy ensangrentado balneario.