Columna Universo Pyme

Intenso, tan desequilibrado como compulsivo, el mandatario norteamericano ha cumplido sus promesas lo que ha llevado a la relación Casa Blanca-México a una etapa de incertidumbre insólita en tan pocos días.

Parece mentira pero no lo es. Posiblemente sea el único caso dentro de toda la administración pública federal. El Fondo Nacional Emprendedor está en espera de que el inicio de las negociaciones del TLC dibujen para el futuro nacional.

Qué difícil ha de ser exponer razones ante un gobierno encabezado por un megalomaniaco. 

Hoy se abre el que pudiera resultar uno de los capítulos más ríspidos de la relación económica y diplomática entre México y los Estados Unidos. 

Lo único que de cierto se sabe es que el problema no es menor. No puede ser menor a 4.0 por ciento del PIB nacional. El sobreendeudamiento de los estados del país puede representar una piedra más en el problema de la deuda del gobierno federal mexicano.

Para 2019 el 100 por ciento de nuestro consumo de arroz tendrá que satisfacerse mediante la importación del grano. Lo traeremos fundamentalmente de empresas estadounidenses si es que para entonces Trump no quiere sacar provecho de nuestra dependencia.

Resulta fundamental reconocer la manera en que la reforma en telecomunicaciones ha ofrecido, del paquete de reformas estructurales implementadas por el actual gobierno federal, el mejor de los resultados. Aquí nadie puede decir que no ha sido alcanzado por algún beneficio potencial.

Para no hacer corajes en la etapa tan temprana que transcurre del año hay que contemplar el Acuerdo para el Fortalecimiento Económico y la Protección de la Economía Familiar como un manifiesto de buenas voluntades necesarias a enriquecerse por las voluntades que queremos al país.

En la semana anterior el presidente electo en Estados Unidos hizo referencias muy específicas a la industria automotriz en su país. Lanzó amenazas a General Motors, la Ford prometió replantear una planta que tenía considerada para ubicarse en Sas Luis Potosó y por último le dio un 'jalón de orejas' a la Toyota.

En la tarde, cuando aún era de día, un grupo de 10 o 12 personas llegaron a un centro prendario y sin decir 'agua va' irrumpieron en éste. Unos rompían los vidrios con una suerte de mazos mientras otros con guantes recogían de su interior las prendas en exhibición.