Creer, crear y croar...

Colaborar en una empresa, ser parte de una organización, dirigir un negocio…

Son distintas las posiciones y versiones de la llamada vida profesional; sea cual sea el escalafón, la jerarquía o el nivel organizacional, cada función o actividad laboral conlleva derechos y obligaciones, así como cierta dosis de autoridad y por supuesto de responsabilidad.

Peter Drucker, conocido como el Padre de la Administración Moderna sentenció en una de sus frases más conocidas: “dónde hay una empresa de éxito alguien tomó alguna vez una decisión valiente”.

Las decisiones, bien pensadas o no, siempre tendrán partidarios y detractores, no todos pueden estar siempre de acuerdo, el conflicto de intereses es latente en proporción al tamaño del grupo en cuestión. Cada cabeza es un mundo, uno es uno y sus circunstancias, la verdad es una mentira según los ojos de quien la mira. Unos a favor, otros en contra, si es que no es la misma cosa.

En estos tiempos de reuniones programadas, cierre de ciclos anuales, de muchos y muy variados parabienes, es recurrente una frase en los mensajes emitidos por personal directivo, líderes en cuestión o bien encargados de despacho: “Somos una gran familia…”

Y no es necesariamente un eufemismo de ocasión o una frase discursiva de cierre, acaso un desliz políticamente correcto con los pares y colaboradores; es sin duda una sentencia espejo, dicha también a modo de reclamo en el propio núcleo filial: ¡pasas más tiempo en el trabajo que en la casa!

En estos tiempos la palabra cambio es la más común en las charlas de sobre mesa, a bordo de los medios de transporte por cualquier vía, incluso aeropuertos y trenes, esos que están de moda…, en las universidades, en la sobremesa de los hogares mexicanos, por supuesto en las empresas. 

Un emprendedor es aquel individuo que va para adelante siendo proactivo, un ente que genera su propia y particular versión; con valor y determinación administra las circunstancias actuales, va a la caza de oportunidades para renovar realidades.

Es un hecho que en nuestro país, a lo largo y ancho de sus más de dos mil cuatrocientos municipios y sus treinta y dos entidades federativas, hablar de burocracia es asociar de inmediato los efectos de la lentitud e ineficiencia del sector público, el malestar ciudadano frente al conjunto de ventanillas inservibles y la muralla en forma de empleados mal encarados; reflexionar acerca del fenómeno endémico de tener que llevar un excesivo número de trámites para obtener escasos beneficios. 

Día a día gestionamos proyectos, emprendimientos, negocios. Situaciones cotidianas que que en teoría nos llevan del sobrevivir al supervivir.

Y para qué sirven los gerentes, cuál es en realidad la labor de un jefe, a quién coordinan, por qué están ahí…

Vivimos en la época de la inmediatez, de lo más rápido posible, de un par de minutos y así todo es temporal, dura hasta que se acaba y entonces el que sigue o a lo que sigue, situación cada vez más habitual y así, la vida pasa… Literal.

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En el mundo actual, como lo conocemos, percibimos y habitamos, es cada vez más necesario conectarnos, unirnos, aprender a coexistir; ser un elemento activo del todo, un astro del universo; incorporarnos como un nodo de la red mundial, interactuar por medios electrónicos, de viva voz, tete a tete; contribuir en principio al tejido empresarial de la economía global.