Estar en el sitio equivocado (o la estupidez de un fiscal)

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Benjamín Torres

Jalisco se unió a los estados donde las bandas del narcotráfico imponen su ley. En la esplendorosa Perla Tapatíahace tiempo se perdió la paz y la armonía que le caracterizaba, la cual atraía, entre otras cosas, a miles de visitantes nacionales y extranjeros. Cuna del tequila y el mariachi, la progresista y enjundiosa entidad permanece atrapada en una ola de violencia sin precedente, que aterroriza a la población.

Gobernado por Aristóteles Sandoval Díaz —un demagogo e incompetente priista, ¿otro de los ejemplos de la nueva clase del PRI?—, Jalisco destaca por los más de 3,000 desaparecidos y los asesinatos que se han vuelto recurrentes a manos de sicarios. En no pocos casos se ha demostrado que están involucradas las nefastas y corruptas policías municipales. Así es la anarquía cotidiana que impera en Jalisco, donde lo mismo asesinan a políticos y sacerdotes que al ciudadano de a pie, o sin más, agentes de Tecalitlán “desaparecen” a un trío de ciudadanos italianos. 

Esa carencia de estado de derecho alienta la espiral violenta y nutre perversamente la impunidad. El secuestro, la tortura y el asesinato de los tres estudiantes de la Universidad de Medios Audiovisuales de Guadalajara, Javier Salomón, Marco Francisco y Jesús Daniel, es tan sólo una diminuta parte de la punta del iceberg que asoma en el infierno de la inseguridad que ahoga a los jaliscienses.

La condena por el brutal crimen de los jóvenes alumnos de cine ha sido unánime no sólo en México, sino en el mundo. Pero aún más indignación ha provocado la vergonzosa e insultante retórica de Aristóteles Sandoval, quien pretende esconderse tras una serie de excusas ridículas e inaceptables. Y en esa repugnante cauda de justificaciones apareció la estupidez de su fiscal, Raúl Sánchez Jiménez, al declarar que los estudiantes estuvieron en el lugar equivocado en el momento equivocado.

“Es lamentable esa declaración, como padre de familia no podría aceptar de ninguna manera esa declaración, yo hablé con él…”,respondió Sandoval en entrevista con el periodista José Cárdenas. A eso se concreta el “enérgico” llamado de atención a un insensible y torpe subalterno que con su exabrupto exacerba el dolor de las familias afectadas y de la sociedad en general. Un mediocre funcionario como ése, bajo ningún argumento, debe permanecer en la administración pública.

Desde luego que el propio caso del gobernador de Jalisco debe ser analizado en todo su contexto; incluso, y en estricto análisis de los resultados logrados en su gestión, considerar que deje el cargo. Algo que exige la dolida y ofendida ciudadanía de esa región. Pero, como buen priista, como todo virrey, se resiste al clamor popular. “Algunos estarían utilizando esto como bandera política, sacando raja a una próxima elección… No pudiera tirar la toalla, ni abandonar el cargo de manera irresponsable, porque no soy de los que me escondo ni dejo de dar la cara…”.Así la cara dura. 

Por lo pronto, el hartazgo de los jaliscienses alcanzó niveles peligrosos, lo que coloca al mandatario estatal en el filo de la navaja. El daño colateral por el entorno de extrema violencia y desgobierno que domina en la entidad tapatía sin duda lo resentirá el PRI, cuando los electores acudan a las urnas el próximo 1 de julio para elegir al nuevo gobernador. Es posible, desde ahora, anticipar una debacle tricolor, cortesía de la pésima y cuestionada administración de Sandoval Díaz.

Tanto dolor y descontento social hacen indefendible la gestión de Aristóteles Sandoval. Así lo han hecho sentir diversos sectores en el propio Jalisco y el resto de la República. “La escalada de violencia y la impunidad rampante está presente en todos los rincones de nuestra nación. Jalisco, después de Tamaulipas y el Estado de México, es la entidad en donde más casos de desapariciones se han reportado con 3 mil 060. No es posible continuar así”, afirmaron de manera conjunta la UNAM y la Universidad de Guadalajara el pasado miércoles.

Más allá de la manifiesta incapacidad de Sandoval Díaz para gobernar y garantizar la seguridad a todos los jaliscienses, está lo peor, lo terrorífico, lo que es imposible comprender: la deshumanización que lleva a cometer atrocidades, como la efectuada en contra de los tres estudiantes. Bien lo señaló el laureado cineasta Guillermo del Toro en su cuenta de Twitter: “Las palabras no alcanzan para entender la dimensión de esta locura. 3 estudiantes son asesinados y disueltos en ácido.  El ‘porqué’ es impensable, el ‘cómo’ es aterrador”. Una verdad desgarradora.

Sí, la degradación es absoluta de quienes llevan a cabo tal atrocidad. No obstante, mientras en México no se retomen plenamente los valores que se han perdido en ciertas células familiares, y, sobre todo, se restablezca el imperio de la ley, cese la voraz corrupción gubernamental, las complicidades oficiales y la impunidad, el panorama no es sino de profunda desesperanza enmarcada en la conducta de la nefasta clase política. Aristóteles Sandoval es ejemplo de ello.

“Las autoridades de los tres órdenes de gobierno debemos combatir al crimen con eficacia para responder a la legítima exigencia de la sociedad mexicana de vivir en paz y tranquilidad”.Ojalá que el deseo del presidente Peña Nieto, a propósito del horrendo crimen referido, no quede en eso. Debe, sin dilación, convertirse en hechos concretos, lo cual, por cierto, no ha ocurrido hasta hoy.

STATU QUO

Y a propósito de fiscales incompetentes, finalmente renunciaron al de Guerrero, Xavier Olea. Guerrero está convertido de facto en un estado fallido. Es evidente que Olea no pudo con el paquete. A su “amigo”, el atribulado gobernador Héctor Astudillo, no le quedó de otra y lo corrió.

@BTU15