Gobierno espión

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Benjamín Torres

Ahora sí, el Joven Maravilla se comportó como el personaje de la famosa serie Batman, a la que debe su mote. Y no es que haya realizado alguna proeza que merezca ser reconocida con bombo y platillo. No. Ricardo Anaya Cortés, el precandidato presidencial del Partido Acción Nacional (PAN), simplemente exhibió mediante un video el espionaje a que es sujeto por parte del gobierno federal.

“Durante los últimos días me han estado siguiendo. Hoy es un Tiida. Hace unos días, un Jeep (YHA-86-08). Uno de los conductores confesó ser del CISEN. En lugar de perseguir delincuentes, espían opositores. Por eso estamos como estamos. Le exijo al gobierno una explicación”, denunció este martes, en su cuenta de Twitter, el aspirante azul a la Presidencia de la República.

En otro tuit —en el que incluye fotos de los supuestos “espías”—, Anaya Cortés agrega: “Estos son otros dos ejemplos de quienes me han estado siguiendo. Desde que salgo de mi casa me siguen. Ellos se negaron a identificarse. En lugar de perseguir delincuentes, espían a los opositores al gobierno. En eso gastan los recursos del Estado. Por eso estamos como estamos”.

La denuncia del expresidente del PAN es muy válida y es correcto que la haga pública. No obstante, está lejos de sorprender a alguien; es una actividad que explota muy bien el gobierno, no sólo el actual, también aquellos que le han precedido. Las excusas para tal arbitrariedad son vastas, aunque la más socorrida es la que intenta justificar: “es por cuestiones de seguridad nacional”.

Mal se ve la administración del presidente Peña Nieto por esos evidentes afanes de marca personal a sus adversarios políticos, sobre todo cuando se trata de competidores en el proceso electoral. Andrés Manuel López Obrador, dueño de Morena y puntero en las encuestas, ya había manifestado que él y su familia eran objetos de espionaje por parte de los sagaces elementos del Centro de investigación y Seguridad Nacional (CISEN).

Por lo pronto, la Secretaría de Gobernación negó los señalamientos del espionaje a Ricardo Anaya, y el titular de ésta, Alfonso Navarrete Prida, dijo que hay seguimiento a los precandidatos, pero no espionaje. ¡Ah, menos mal! Eso devuelve el alma al cuerpo y tranquiliza las aguas bravas rumbo a las elecciones. Pero, ¿por qué no le avisarían al Joven Maravilla de la curiosidad gubernamental?

Así que no es un caso aislado el espionaje evidenciado por Anaya Cortés. La historia documenta que es una afición recurrente del gobierno. Pero, según Navarrete Prida, tal cosa “no significa una intromisión en la vida personal ni tratar, por supuesto, de violar la ley mediante medidas de investigación que la propia ley prohíbe”. ¡Qué tal con el sólido y brillante “argumento” oficial!

Todavía más. Hoy, con el avance de la tecnología, resulta burdo que manden a un empleado del CISEN a seguirlo. ¿O hasta en eso son hilarantemente incapaces? ¿O de plano el propósito —como asegura Marko Cortés, coordinador de la bancada azul en San Lázaro— es para amedrentar a los virtuales candidatos de la oposición a Los Pinos? Miles de conjeturas válidas se tejen al respecto.

Y este nuevo escándalo, junto con  la desatinada respuesta de Navarrete Prida, no deja lugar a dudas: el PRI no ha cambiado, sigue exactamente con las mismas estrategias anquilosadas que tanto abomina la sociedad; una ciudadanía a la que el Revolucionario Institucional insiste, de manera miope y soberbia, en tratar como ingenuos —por decir lo menos— a la hora de vender sus “virtudes”.

Sin embargo, el Dinosaurio se equivoca de forma rotunda y lo demuestra la pobre aceptación que en las precampañas ha tenido José Antonio Meade, un funcionario bien intencionado y capaz, pero que sencillamente no puede con el lastre que representa per se el PRI-gobierno. Meade paga las culpas ajenas.

No en vano el director de Inteligencia de Estados Unidos, Daniel Coats, se atreve a pronosticar que Meade Kuribreña no vencerá en las elecciones del próximo 1 de julio, pues, para el burócrata estadunidense, factores como la corrupción, la inseguridad y la inestabilidad económica de la administración peñista serán decisivos para que los votantes pudieran elegir otras opciones, representadas por López Obrador y Anaya Cortés (Proceso: http://bit.ly/2GcJ3Mu).

Dentro del galimatías en el que se desarrollaron las precampañas del tricolor, domina la ausencia de un proyecto sólido y de un líder que verdaderamente proyecte a Meade. Es lamentable que la táctica de campaña esté reducida lastimosamente a los ataques y filtraciones. La población está harta de la guerra de lodo, porque nada le aporta. Tampoco a la democracia. Y la repulsa aumenta con dislates, como el del espionaje a los opositores y contrincantes del partido en el poder.

@BTU15