Héctor Astudillo y el ‘regaño’ a la BBC

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Benjamín Torres

El macabro festín de sangre continúa en México. En el gobierno, sus tres niveles incluidos, nadie parece estar dispuesto a mancharse el costoso traje para hacer frente al dantesco infierno de la violencia que a cada minuto se multiplica cual hidra incontrolable. La mejor estrategia de las ineptas autoridades consiste en repartir anacrónicos boletines y dar soporíferas conferencias de prensa asegurando que nadie está por arriba de la ley, que, como en todo caso, se atrapará a los culpables.

Incluso, algunos políticos abominables son capaces de quemarse las exiguas neuronas para regalar frases que merecen acuñarse en los espacios públicos con el propósito de que nadie olvide las expresiones máximas de la estupidez. Pudiéramos empezar con el gobernador de Guerrero, Héctor Antonio Astudillo Flores, cuya entidad es un absoluto desastre en materia de seguridad. Donde grandes empresas, entre muchos negocios, han debido claudicar por falta de garantías para operar. 

Femsa, la mayor embotelladora de Coca Cola a nivel mundial -por su volumen de ventas-, fue el caso más reciente, luego de que el pasado marzo anunció el cierre de su centro de distribución en Ciudad Altamirano. "La medida se toma tras dos meses de hostigamiento de grupos delincuenciales hacia nuestros colaboradores y ante la ausencia de un estado de derecho y prevalencia de la impunidad", denunció en ese entonces la empresa con sede en Nuevo León. En tanto, la contundente  e inteligente respuesta del gobierno estatal fue lamentar la medida y reconocer que faltó coordinación para otorgar seguridad a las empresas. Una muestra fehaciente de incapacidad.

La gestión del priista Astudillo Flores, es, no sólo deplorable, sino condenable. El semanario Proceso, documentó que en Guerrero, fueron obligados a dejar sus hogares, en la zona de la sierra, más de 3 mil pobladores en los últimos cinco años a causa de la violencia y amenazas del narco. (https://bit.ly/2EKWli3); aunque el mandatario no lleva ese lustro “gobernando”, poco o nada ha hecho al respecto. Se refugia en la cómoda retórica populista que nada aporta y nunca soluciona.

Aun, en un hecho por demás lamentable e hilarante, declaró que va a “regañar” a los productores de la BBC, porque el jueves de la semana pasada publicaron un reportaje titulado “Acapulco, la ciudad turística de México donde los cadáveres ya no caben en la morgue”(http://www.bbc.com/mundo/media-43741886). Una verdad inobjetable que está a la vista de los mexicanos y del resto del mundo. Basta una ojeada a los diarios o las redes sociales para confirmar el terror cotidiano que padecen los guerrerenses ante la ineptitud del gobierno de Astudillo.

Una de las partes del trabajo periodístico de la BBC, asegura que en Acapulco existe “epidemia de asesinatos a manos de grupos criminales que luchan por el control territorial”. Y va más lejos cuando no duda en afirmar que “en ese mundo el asesinato es la norma”. También, hace referencia a los señalamientos de las autoridades estadounidenses en el sentido de que el otrora paradisiaco puerto es tan peligroso como Afganistan o Siria. Y lo descrito en el reportaje es sólo una parte del abismo.

Sí, es irrefutable, Guerrero es una especie de estado fallido, aunque escucharlo ponga mal al señor gobernador y a la nomenclatura priista que lo colocó ahí. En especial, a ciertos personajes del Senado. No obstante, desde hace tiempo el crimen organizado se adueñó de la entidad sureña, tal vez por eso, el obispo de la diócesis Chilpancingo-Chilapa, Salvador Rangel Mendoza, hubo de reunirse con el poderoso grupo del narco que domina la región de la sierra, para pactar la paz en la zona. Un reconocimiento tácito del clero de que ese sector es “propiedad” de los señores de la droga y a ellos hay que pedir paz, que no maten a candidatos y que restablezcan el servicio de agua.

Guerrero se asemeja a una comunidad autónoma donde la  autoridad no se discute y se impone por la eficaz e incontrovertible ley de las balas. Allí, las autoridades civiles son costosos adornos subordinados, en no pocas veces, a los jefes del crimen organizado. Así lo presenciamos en el caso de Los Abarca y la desaparición de los 43 normalistas. Y lo peor de este escenario, es que no vemos, como sociedad, un plan del Gobierno para rescatarlo del profundo precipicio en el que se encuentra.  

Duele ver a Guerrero y los guerrerenses atrapados en un incesante calvario de sangre, cadáveres, fosas clandestinas, extorsiones, robos, narcotráfico y cuanta fechoría sea posible. Duele hasta el fondo del alma mirar la espesa negrura del presente y futuro de los ciudadanos de aquella brava y enjundiosa parte de la república mexicana. Pero indigna ad infinitum el abandono en que la clase gobernante colocó a Guerrero y lo convirtió al mismo tiempo en botín de virreyes ineptos y demagogos que han dedicado su tiempo en el poder a llenarse los bolsillos y  a saquearlo.

STATU QUO  

Y hablando de anarquía en el país, la semana pasada asesinaron a dos presidentes municipales. Una deleznable acción que tal parece, ante el valemadrismooficial, ya se volvió costumbre en México. Los alcaldes ejecutados son: José Efraín García García, de Tlanepantla, Puebla y Juan Carlos Andrade Magaña, de Jilotlán de los Dolores, Jalisco. ¿Cuándo regresará el estado de derecho pleno a México? 

@BTU15