La persona, la familia y el trabajo

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Jaime Neftalí

En estos tiempos de reuniones programadas, cierre de ciclos anuales, de muchos y muy variados parabienes, es recurrente una frase en los mensajes emitidos por personal directivo, líderes en cuestión o bien encargados de despacho: “Somos una gran familia…”

Y no es necesariamente un eufemismo de ocasión o una frase discursiva de cierre, acaso un desliz políticamente correcto con los pares y colaboradores; es sin duda una sentencia espejo, dicha también a modo de reclamo en el propio núcleo filial: ¡pasas más tiempo en el trabajo que en la casa!

Por atender compromisos y obligaciones laborales, es frecuente que no se asista y compartan los momentos memorables del hogar, la ausencia es notoria en presentaciones festivas, eventos en los que la participación del otrora líder es imprescindible de acuerdo con las reglas del deber ser. El juego de roles de la vida es un abanico de posibilidades no siempre concordantes con el bien estar.

Ser eficiente en lo profesional provoca, a veces, la ineficacia en lo personal.

Ante ello es necesario implementar, de forma integral, acciones contundentes en términos de equilibrio en los distintos ámbitos de los miembros del equipo, a saber: personal, familiar, social y laboral.

Algunas recomendaciones serían:

Elaborar un verdadero inventario de Recursos Humanos; saber de todos y cada uno de las personas que conforman la compañía, tabular los resultados, agrupar los datos y con base en la información desarrollar estrategias en pos del equilibrio entre los distintos ámbitos del ser humano.

Organizar convivencias familiares en fechas especiales, fin de año, cierre de ciclos; involucrar a la pareja, a los hijos, a los miembros del núcleo cercano; que se conozcan será un principio fundamental para que se reconozcan.

Compartir permanentemente evidencias del prestigio y la trayectoria de la empresa, los logros que son de todos. en términos globales, fomentar la identidad y la visión prospectiva, saber hacia dónde se va y por qué es importante ir juntos.

Reconocimientos públicos a los colaboradores enfocados a fomentar el orgullo familiar, valorar en el hogar que la ausencia tiene resultados favorables que generan legados dignos y memorables.

Establecer un programa de incentivos para el trabajador que incluyan beneficios tácitos para sus familias: becas, obsequios, promocionales de utilidad práctica en la vida cotidiana; de ese modo se fomenta la identidad y la pertenencia. El verdadero uniforme se lleva por dentro.

Restructuración de jornadas laborales, franjas horarias, home office; en la medida de lo posible sería deseable que el colaborador pueda dedicar tiempo de calidad a su persona, a su familia sin menoscabo de la productividad, rentabilidad y resultados favorables para el negocio. 

Recreación laboral; ejercicios enfocados a fomentar un clima laboral cálido y una cultura organizacional sólida; respeto a la integridad humana y a la vida en sociedad. Practica de deportes, actividades culturales, lúdicas… el trabajo no tiene porque costar trabajo.

Aprovechar los valores familiares latentes en una sociedad como la nuestra: orgullo, pertenencia, empatía, respeto, compromiso y lealtad, entre otros que son evidentes en los lazos filiales; armonizarlos con la dinámica cotidiana en oficinas, fábricas y empresas de servicios. 

Suena a utopía, dicen que pedir o dar no empobrece, pero un clima laboral debilitado si lleva paulatinamente al fracaso y a la ruina corporativa.

Y si lo intentamos… al fin y al cabo, vida sólo hay una.

Hasta la próxima

@Neftalimtz