Las buenas prácticas de los jefes extraordinarios

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Gustavo Feijóo

El buen ambiente laboral es fundamental para el éxito de la empresa, y está directamente relacionado con los jefes. Sin embargo, a veces es difícil identificar qué se necesita para ser un jefe extraordinario. Enseguida comentamos algunas de sus mejores prácticas.

Administran personas, no equipos

Un líder que se encuentra bajo presión, puede pasar por alto el hecho de que sus colaboradores son individuos únicos, con habilidades diversas, metas, intereses propios y estilos de aprendizaje distintos. Es importante saber qué motiva a cada uno y personalizar cada interacción. De igual forma, las oportunidades de ascenso no deberían darse a través de modelos rígidos, sino creando oportunidades diseñadas para las ambiciones, talentos y capacidades de cada persona.

Enfatizan la Misión y la Visión de la empresa.

La mayoría de las personas desea que su trabajo contribuya con la empresa para ser mejores, diferentes a la competencia. Por ello muchas organizaciones enfatizan su Misión y los valores que sustentan su actividad. En este sentido, los gerentes deben inspirar a su equipo con una visión de alcanzar metas desafiantes y conservar la confianza personal de cada individuo.

Proveen información

Tan solo 2% de los gerentes proveen de información continua a sus colaboradores. La mayoría de los jefes se limitan a dar una evaluación de desempeño al año y con frecuencia unen la información sobre el desarrollo laboral a discusiones sobre aumentos y ascensos, lo cual es un error.

Los mejores jefes, en cambio, proveen información continua y personalizada. Tienen conversaciones personales al menos una vez a la semana y ofrecen consejos claros, honestos y constructivos que promuevan la iniciativa y la independencia.

 

Escuchan a sus colaboradores.

Los colaboradores están mejor cuando son libres de contribuir con sus ideas y de tomar iniciativas, y la mayoría de los gerentes dicen querer lo mismo. Sin embargo, si el jefe promueve su visión de forma demasiado intensa, ocasiona que su equipo crea que no vale la pena proponer cosas nuevas.

Los mejores líderes se toman el tiempo de escuchar: proponen problemas y retos, hacen preguntas para involucrar a todos en la solución y recompensan la iniciativa.

Son congruentes.

Un jefe congruente facilita el buen ambiente laboral. El jefe que mantiene los estándares mantiene motivado a su equipo, porque los colaboradores saben que esperar y como avanzar. Un buen jefe es congruente en su estilo de liderazgo, visión, expectativas, información y apertura. Cuando es necesario el cambio, lo comunica de manera lisa y llana, y el equipo sabe a qué debe atenerse.