Los mexicanos cojos

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Eduardo Torreblanca

Quienes han perdido una extremidad inferior han permitido que asiáticos introduzcan calzado sin el pago de los aranceles correspondientes. No lo saben, pero Chinos y Coreanos les deben de estar especialmente agradecidos.

Y el caso es que un productor proveedor de un artículo super necesario en la industria del calzado cuyo nombre mantengo en el anonimato a lo largo de una hora de interesante conversación me ofreció detalles de todas las vicisitudes que los industriales del ramo tienen que sortear para mantenerse con vida.

Lo que han logrado por más de 35 años a pesar de las competencias desleales como lo representa esa particular  estrategia de los asiáticos o mexicanos desleales a la industria nacional de importar calzado solo apto para quienes carecen de pie derecho.

Sí.

Importan cientos de ejemplares del pie izquierdo. De distintas medidas. Desde los que calzan chico (sin albur), hasta quienes son patones. Pero todos  los posibles consumidores de ese calzado carecen del pie derecho.

Como no están importando PARES DE CALZADO, pues no pagan aranceles.

Lo curioso del caso es que días después los siempre preocupados comerciantes hacen llegar a nuestro territorio ejemplares de calzado del pie derecho. Pensando en quienes perdieron su pie izquierdo. Piensan en todo.

Y bueno. Como no importan PARES DE ZAPATOS (o tenis) pues no pagan arancel. Piensan en todo.

Y claro que el asunto es más que una curiosa anécdota porque a esta práctica se suman otras calamidades como el que llegan pares de calzado que fueron producidos en altamar, entre China y las costas mexicanas, o llegan a Estados Unidos solo para que les pongan la etiqueta que dicen que fueron producidos en la Unión Americana.

O incluso la producción que se hace de calzado en San Francisco del Rincón en empresas coreanas que tienen entre sus prácticas el golpear a los trabajadores o trabajadoras mexicanas que no hacen las cosas correctamente en las líneas de producción.

Así como lo leyó usted. A karatazo limpio. Se hace la referencia específica de una coreana de aspecto muy bella con cuerpo casi perfecto como si fuera una actriz o bien una modelo. Pues no... trabajaba en una industria y su afición consistía en reprender a los malos trabajadores hombres y mujeres a trancazo limpio.

 Y como los mexicanos, varios, no estamos acostumbrados a ese trato lo que están haciendo ya los productores asiáticos es traer a los trabajadores directamente de corea. Personal del que se duda tenga en regla sus papeles para permanecer en el país y trabajar en una empresa productora de calzado. Eso de que generan trabajo a los mexicanos comienza a ser una alegoría.

Cita el industrial mexicano que en 1988 la industria del calzado en México producía entre 250 y 300 millones de pares al año cuando en el país existíamos 81 millones de habitantes. Ahora se estima que la producción rondará los 335 millones de pares cuando hay poco más de 125 millones de habitantes. La diferencia pudiera interpretarse como producto de importaciones legales pero sobre todo por importaciones irregulares.

La industria se ha sofisticado tanto y la lucha por el mercado resulta tan descarnada que los productores de piratería nacionales, que pueden mantener empresas con capacidades nada pequeñas (40 mil pares por semana) se han organizado y tienen una asociación que vela por sus intereses entre los cuales está que sus mercancías lleguen sanas y salvas a la Capital del país para lo cual pagan "cuotas" de 40 pesos por par en contenedores que recorren parte del país con la protección de las autoridades encargadas de la seguridad nacional.

Sigue siendo la industria del calzado y sus proveedores acosados por la competencia desleal ahora con las modalidades descaradas de la producción de piratería y la llegada de los asiáticos golpeadores.

La globalización, podría pensarse.