Mancera, rebasado por la violencia en la CDMX

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Benjamín Torres

“Como mexicano, no soy ajeno al clima de insatisfacción y desánimo que existe en grupos de la sociedad, pero también creo que hay oportunidad para crear las vías y la pacificación social”, señaló Miguel Ángel Mancera Espinosa, jefe de Gobierno de la Ciudad de México, al convertirse este miércoles en el nuevo presidente de la Conferencia Nacional de Gobernadores (Conago).

De manera tácita, Mancera acepta, cuando se refiere a “crear”, que entonces no existen dichas vías para lograr la pacificación social. Y motivos no le faltan al mandatario local si en la capital los niveles de inseguridad crecieron de manera alarmante. Los datos de diversas ONG muestran cómo la violencia se ha exacerbado en la metrópoli, sede de los poderes federales.

En días recientes, y con diferencia de horas, la población tuvo conocimiento del asalto a una tienda  Walmart perpetrado por un comando integrado al menos por 20 sujetos. Mientras que otro grupo armado, a plena luz del día, irrumpió en una joyería del centro comercial Pabellón Cuauhtémoc para consumar un cuantioso robo de joyas y relojes, a base de “mazasos”.

Luego, tres presuntos asaltantes, ex convictos, fueron acribillados a balazos el miércoles pasado en el popular Mercado de Sonora, al intentar asaltar una camioneta repartidora de mercancías, aunque versiones de locatarios aseguran que se debió a una riña entre grupos delincuenciales que se disputan el control para realizar cobros de piso y extorsiones.

Pero no es todo. Apenas el 28 de abril pasado una pandilla de criminales asaltó e hirió a un comerciante durante el atraco a un negocio de telefonía celular en la concurrida y céntrica Plaza Meave, de donde sustrajeron equipos nuevos.

Y mientras está columna es redactada —jueves en la tarde—, llega la noticia de que otro comando asaltó una unidad trasportadora de valores en Plaza Tepeyac, obteniendo un botín de 4 millones de pesos. La incidencia en este modus operandi simplemente creció de manera incontrolable.

Todo lo anterior corresponde a delitos cometidos en una semana y que adquirieron relevancia al ser difundidos en redes sociales y medios de comunicación. No obstante, la mayoría de actos violentos en contra de la sociedad capitalina no alcanza la difusión mediática como los referidos.

A ello hay que agregar las voces de los comerciantes que se quejan por las constantes extorsiones y cobros de piso, principalmente aquellos establecidos en el corredor Roma-Condesa. Es vox populi lo que en esa zona sucede, pero el mandamás de esta urbe pareciera ignorarlo.

Sabido es que muchas de las extorsiones telefónicas se generan desde los reclusorios, supuestamente “controlados” por el Gobierno de la Ciudad de México. El terror continúa impunemente a causa de este flagelo, y las declaraciones y excusas también.  Negligencia o ¿complicidad en la mina de oro que esta actividad ilegal representa?

Desde luego, es necesario referirse a la presencia del crimen organizado en la ciudad gobernada por Mancera Espinosa. Varios de los capos más relevantes han sido detenidos en suelo chilango; aunque tardó en aceptarlo, el ahora número uno de la Conago finalmente se vio obligado a admitir que diversos cárteles han hecho del antiguo Distrito Federal un centro financiero y logístico.

Si bien consideramos que Mancera es un funcionario bien intencionado, esto no es suficiente y no le alcanza para que su gestión sea evaluada como positiva. Los altos niveles de aprobación con los que arribó al poder se fueron esfumando, hasta llegar a índices de los que no se puede estar orgulloso. Cierto que la ciudad es muy compleja en su manejo por todos los intereses que aquí confluyen: políticos, económicos, sociales y culturales, y precisamente por estas variables se requieren capacidades, habilidades y tiempo completo para realizarlas con éxito.

Vamos a ver si a don Miguel Ángel le alcanza justamente el tiempo para administrar correctamente a la antigua Tenochtitlan, pues hoy, entre sus legítimas aspiraciones presidenciales —muy improbables de concretarse—, sus recurrentes viajes, y la presidencia de la Conago, sucede que la Ciudad de México ya se contagió de la violenta ola que arrasa amplias zonas del país.

Por lo pronto, según datos del Observatorio Nacional Ciudadano, el mes pasado los robos con violencia se incrementaron en la capital 12.17% y la incidencia delictiva por cada 100 mil habitantes se elevó 12.40%.; asimismo, los robos a transeúnte aumentaron 22.21%.

Más aún, de acuerdo a cifras oficiales del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Publica, el pasado marzo, la Ciudad de México ocupó el deshonroso segundo lugar en la cantidad de delitos cometidos al totalizar 16,429, sólo por debajo del Estado de México que sumó 22,492.

Como se ve, el desempeño del doctor Mancera no es precisamente de elogio. Sus frecuentes  distracciones en la actividad gubernamental derivan en la inseguridad que azota a la ciudadanía, a pesar de los altos impuestos, imposición de parquímetros, fotomultas y demás inventos, sin mencionar el jugoso negocio de las grúas, cuyos operadores en contubernio con policías de Tránsito corruptos son capaces de mover motos o autos a sitios prohibidos para literalmente robar a los conductores con “infracciones” sacadas de la manga. Así las cosas en Manceralandia.

@BTU15