Mancera, una tras otra

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Benjamín Torres

Las distracciones de Miguel Ángel Mancera Espinosa, el jefe de Gobierno de la Ciudad de México, no iniciaron en fechas recientes. Desde que vislumbró la posibilidad de ser candidato a la Presidencia de la República, la gran metrópoli resintió el descuido y se agudizaron los serios problemas de inseguridad, narcotráfico, vialidad, ambulantaje, contaminación e inundaciones, entre otras calamidades que son una constante en la agobiada administración capitalina.

Convertido en flamante presidente de la Conferencia Nacional de Gobernadores (Conago), el ex procurador capitalino no desaprovecha los reflectores para intentar posicionarse a nivel nacional. Sin embargo, la imagen de Mancera Espinosa se ha dañado tanto que parece imposible revertir el profundo efecto negativo, merced a una gestión plagada de discursos y demagogia, pero carente de resultados efectivos que beneficien a la por ahora relegada sociedad de la capital de la República.

De acuerdo con cifras oficiales del Sistema Nacional de Seguridad Pública, dependiente de la Segob, en abril pasado —último informe disponible— la CDMX ocupó el segundo sitio a nivel nacional en incidencia delictiva con 15,213 ilícitos denunciados, sólo detrás del peligroso Estado de México.

Por las severas críticas sociales, Mancera es rápido para culpar al nuevo sistema de justicia penal, al que achaca que miles de delincuentes sean puestos en libertad por los jueces. No obstante, ha sido refutado una y otra vez, al tiempo de exigirle que cumpla de manera eficaz con su trabajo. A este funcionario se le están terminando las excusas y lo que alguna vez fue un envidiable capital político. Tal parece que la capital azteca le quedó grande. Como procurador se desempeñó mejor, fue un buen fiscal, no hay duda. Pero gobernar la ciudad capital es diferente a dirigir una procuraduría. Pretender hacerlo con el país entero, aunque válido,  luce como un sueño guajiro.

Pésimo ha sido el desempeño del doctor Mancera, y así se lo recordó la semana pasada el Observatorio Nacional Ciudadano con su Reporte sobre Delitos de Alto Impacto del Primer Cuatrimestre de 2017, que muestra cómo la antigua Tenochtitlan posee en el país el deshonroso segundo lugar en robo a transeúnte, además de que se han incrementado los atracos a negocios y casa habitación, aunado al alarmante alza en los homicidios dolosos. Un panorama apocalíptico.

Mas los despistes del jefe de gobierno capitalino no se dan de forma exclusiva en materia de inseguridad. Su obcecación por el contratismo genera una ola de conjeturas. Por ahora, está aferrado a construir sobre lo que sea, la cuestionada Línea 7 del Metrobús, que correría sobre el esplendoroso Paseo de la Reforma. Hasta hoy se desconocen los poderosos “intereses” del Ejecutivo local en el proyecto que defiende a ultranza y al que se han opuesto ciertos grupos vecinales y ambientales, pues acusan de una voraz tala y lo dañino que puede resultar dicho plan.

Si bien la CDMX precisa de un transporte público de calidad, éste no puede ser desarrollado por encima de la voluntad popular. El fuerte aroma de la opacidad ronda la imposición de esa obra. Es cierto, también hay muchos “intereses” en las organizaciones vecinales, comerciales, ambientales y de no pocas compañías constructoras, pero el diálogo y la transparencia con los diferentes sectores sociales son siempre lo mejor. Reiteramos, imponer no es lo más inteligente, para nadie.

Hoy, a las muchas preocupaciones del mandatario capitalino y su caída libre en las encuestas para el 2018 se une otra, la cual exhibe el tremendo desaseo en la concepción y desarrollo de la mencionada Línea 7 del Metrobús: la suspensión, por orden judicial, de la referida construcción.

Nada parece salir bien al otrora bien calificado Mancera. Con el ridículo de la semana pasada, cuando presumió la construcción del lujoso Hotel Ritz-Carlton —precisamente en Paseo de la Reforma— y que tan sólo horas después fue clausurado por una dependencia del propio gobierno capitalino, demuestra el caos que impera en la administración mancerista. Todo por falta de un verdadero liderazgo.

Justamente cuando el soñador Miguel Ángel Mancera está inmerso en sus aspiraciones presidenciales, las cuales —está visto— antepone a su responsabilidad como titular del Ejecutivo local, es que un juez federal le propina otro revés a su ya de por sí vapuleada imagen como gobernante. La orden para detener la construcción de la Línea 7 del Metrobús trasciende lo estrictamente originado por la polémica obra. Es, asimismo, una muestra de los grupos de poder en la Ciudad de México ridiculizando al debilitado jefe de gobierno.

Finalmente, Mancera Espinosa en la actualidad se cotiza bajo. Dejó de ser aquella especie de rock star que salió de la Procuraduría capitalina para convertirse —con elevados índices de votación y aprobación— en el jefe de gobierno de una de las ciudades más grandes del mundo. Esto parece haber quedado en una simple anécdota, ese personaje desapareció, ya no existe… se distrajo.

@BTU15 

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