México: Día Internacional de la Mujer (¿o del feminicidio?)

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Benjamín Torres

A Marita, Guille, Pukis, Ange, Norma, Pao, Lilí

y todas las excepcionales mujeres de México

 

En la vorágine de violencia que hace tiempo se adueñó de México, destaca —para vergüenza del Estado— la perenne agresión a nuestras mujeres. En el Día Internacional de la Mujer, los hipócritas actos oficiales para dizque conmemorarlas no disfrazan en lo mínimo el desinterés para protegerlas; por el contrario, representan una grotesca y cínica burla mayúscula.

La ancestral violencia que padece el género femenino merece, en principio, la atención absoluta del gobierno para desarrollar y poner en práctica políticas viables que garanticen la seguridad irrestricta de todas las mujeres del país. Esto, sin excluir la responsabilidad gubernamental, también demanda el trabajo de la sociedad entera. La familia, por ejemplo, es el lugar propicio donde debe iniciar el proceso de respeto a la mujer.

Mas el gobierno —en ese valemadrismo que le caracteriza— ha sido omiso y culpable por la brutalidad que tantas víctimas ha dejado. La profunda corrupción en el sistema de justicia nacional permite que, en la mayoría de los casos, los agresores no sean castigados como merecen y se conviertan en reincidentes o en perniciosos ejemplos para su entorno. No en vano el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), en su Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares 2016, da a conocer que de las mujeres de 15 años y más, el 66.1% ha enfrentado, al menos alguna vez en su vida, un incidente de violencia por parte de algún agresor. Un dato por demás escalofriante.

Apenas este miércoles, la ONU-Mujeres denunció que en México se cometen 7 feminicidios cada día. Una vergüenza para el gobierno y la ciudadanía. No obstante, a pesar de la indolencia de los gobiernos federal, estatal y municipal, es la sociedad quien debe cortar de raíz las acciones machistas y violentas que se generan, toleran y, en no pocas ocasiones, se alientan en el seno familiar.

Cierto que el grave problema de la violencia es multifactorial y no es privativo de México. Pero ésa es una excusa inaceptable, no importa de quien provenga. Agredir a una mujer es una cobardía y una aberración de quien la realiza. Por ello, debe ser castigada siempre con el mayor rigor.

Si las mujeres representan en nuestro país el 51.4% del total de la población —según datos del INEGI— y tienen la fuerza y talento suficiente para enderezar el rumbo de esta nación, merecen, por ese simple hecho, el respeto de cada uno de los hombres. El deleznable machismo que aún teje densas telarañas en un amplio sector resulta una atrocidad patológica que debe ser erradicada.

Hoy vemos a las mujeres incursionando en prácticamente todos los sectores sociales, económicos, culturales y políticos con enorme éxito. De acuerdo con información del INEGI, las mujeres representaron el 43.8% del personal ocupado reportado en los Censos Económicos del 2014 (última información disponible). Ésta es sólo una muestra de la encomiable fuerza de las mujeres mexicanas.

Pero resulta que el inconmensurable poder, talento y trabajo de nuestras connacionales no es suficiente para que se les reconozca a plenitud en muchísimos casos, empezando desde sus familias. Esta injusticia se acentúa en el entorno laboral, donde además de soportar a jefes misóginos y acomplejados, las trabajadoras, en una práctica miserable, obtienen un salario menor por el mismo desempeño laboral que lleva a cabo un hombre. Así es la estrechez, en todos los sentidos, de quienes se sienten amenazados por la actividad eficaz de una subordinada, pero también la ruindad de empresas que lo permiten y no lo solucionan. Lo mismo sucede en el sector público.

Desde luego que la mujer en México ha ganado merecidamente espacios en toda disciplina que se consideraba exclusiva del hombre —¿quién le otorgó tal “privilegio”?—. También ha establecido su derecho a decidir por sí misma su proyecto de vida. Actualmente, más mujeres asisten a las universidades y ejercen su libertad de manera más plena, sin los tabúes de antaño.

Sin embargo, a pesar de los innegables avances femeninos, en los que nadie les ha regalado nada, es evidente que todavía falta mucho por recorrer en un país donde vergonzosamente aún impera el machismo y las trabas hacia ellas por el hecho de ser mujer. Mientras el gobierno continúe con su incapacidad mayúscula para garantizar que ninguna mujer será violentada, la república mexicana también tendrá la deshonra de exhibirse ante el mundo como uno de los lugares más peligrosos para sus ciudadanas.

Los feminicidios son una afrenta permanente para cualquier democracia, y las sangrientas estadísticas muestran que en la actualidad el gobierno de México se ahoga en la sangre de esas víctimas cuyos crímenes debieron evitarse con la simple aplicación de la justicia.

Andares Políticos felicita, sin excepción, a todas las mujeres mexicanas que cada día hacen más grande a este privilegiado y esplendoroso país. Aquí admiramos su talento, esfuerzo, perseverancia y nobleza. Va un abrazo respetuoso desde el fondo del alma.

@BTU15