México le debe mucho al PRI

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Benjamín Torres

José Antonio Meade Kuribreña es un político inteligente, académicamente muy preparado, hábil y hasta simpático. En dos gobiernos consecutivos ha ocupado, entre otras posiciones de la administración pública, la titularidad de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público; es un puesto desgastante, nada fácil de desempeñar para quien debe cobrar impuestos a los mexicanos.

La capacidad como economista de Meade la reconocieron las administraciones de Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto, aunque en esta última también se desempeñó de manera atinada en Desarrollo Social y en Relaciones Exteriores. Hoy, este itamita de 48 años, doctor en Economía por la Universidad de Yale, está en los cuernos de la Luna. Es el favorito para convertirse en el candidato del Partido Revolucionario Institucional (PRI) para disputar la Presidencia de la República en 2018.

Tal vez por esa razón el responsable de los dineros en nuestro país afirmó el pasado sábado en Mazatlán que México le debe mucho al PRI. Una declaración que fue reprobada de inmediato por un amplio sector social y que, incluso, resta simpatías a quien podría convertirse en el próximo presidente de nuestra nación. Por todos es sabido el repudio al partido tricolor y todo lo que representa y se relacione con éste. Así que la aseveración de Meade es inoportuna y hasta peligrosa.

Ya la semana anterior el secretario de Hacienda se colocó en el ojo del huracán, al responder a pregunta expresa en el Senado que en 2012 votó por Enrique Peña Nieto en las elecciones presidenciales. En el interior del Revolucionario Institucional, en ciertos sectores y personajes influyentes no cayó nada bien la revelación, aun cuando se supone que Meade no es priista.

En tiempos en los que el PRI enfrenta una de las mayores crisis de prestigio ante la sociedad, en nada ayuda declararse partidario del Presidente y de su repudiado partido político. Cierto que esa retórica seguramente es bienvenida en Los Pinos por el dedo todopoderoso. De otra forma no se entiende, pues tiene altos costos políticos; incluso la opinión pública puede cambiar de parecer.

No es posible siquiera pensar que el país le deba algo al perverso dinosaurio. Por el contrario, el PRI tiene una incuantificable deuda ancestral con México y los mexicanos. Fueron 70 años de rezago social —más los de este sexenio—, de aniquilante pobreza, de abismal desigualdad, de un sistema judicial podrido, de un esquema educativo deficiente que, en conjunto, ha derivado en 53 millones de pobres y la incapacidad de abandonar el perenne subdesarrollo. Todo eso no es, en modo alguno, un pasivo por el que se deba pagar o agradecer al priismo; no es más que un absurdo que está fuera de lugar.

Un país donde los ríos de sangre son incesantes, donde los saqueos a ductos son normalidad, el asalto a trenes es cotidianidad, los motines y muertes en penales no extrañan, o que los gobernadores roben los recursos del erario y se les proteja… entonces, ¿dónde está la deuda? Es evidente: ninguna deuda existe. No al menos de la población. Sí del PRI y los gobiernos emanados de ese instituto político. Un grupo que ha sido altamente lesivo para los intereses nacionales.

La pandilla de exgobernadores priistas que hoy están presos sólo confirma la clase de “nuevos políticos” que produce el PRI. Actualmente, y como ha sido siempre —salvo alguna verdadera excepción—, los intereses personales de la alta militancia tricolor nada tienen que ver con los de México y sus habitantes. Por eso es que a la nomenclatura del partido oficial le resultaría imposible explicar el origen de las vastas fortunas acumuladas en sus “labores” gubernamentales.

Así que diferimos sustancialmente de la apreciación de don José Antonio Meade Kuribreña en cuanto a la supuesta deuda de México con el partido que lo postulará a la Presidencia de este gran país el próximo año. Y no hablamos de su capacidad en materia económica-financiera —la cual, para este columnista, es indiscutible, aunque habrá quien la objete—, lo que resulta controvertible es el temerario convencimiento de que México le deba mucho al PRI. ¿Habrá sido algún dislate electorero?, ¿tal vez la emoción por el apapacho de los cientos de jóvenes priistas reunidos en Mazatlán y la cercanía del momento en que inexorablemente el hoy secretario se convertirá en el ungido?

Meade Kuribreña deberá cuidar mejor sus comprensibles ansias presidenciables. Es el candidato natural, en el PRI no hay otro que pueda competir y, sobre todo, tenga posibilidades verdaderas de triunfo. A Meade se le reconocen su talento y capacidad en México y en el extranjero. Por lo pronto,  fue reconocido como Ministro de Finanzas del Año en la región de América Latina por la revista especializada Global Markets, en el marco del último día de actividades de las reuniones anuales del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional celebradas en Washington, DC. “A’i la lleva…”.

@BTU15