No ganó AMLO… perdió el corrupto PRI

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Benjamín Torres

No hubo milagro. La utópica idea de muchos mexicanos consistente en ver derrotado a Andrés Manuel López Obrador, en las elecciones presidenciales, se quedó en eso: en una fantasía. Tras copiosa asistencia a las urnas, millones de mexicanos se decantaron por el candidato de Morena.

Tan abrumadora victoria de López Obrador, es preciso subrayarlo, no se debe a su proyecto de Nación; muchas de sus propuestas, por no decir la mayoría, son poco viables. Y lo son porque están basadas exclusivamente en el eje económico. Pero si de algo carece México, es precisamente de recursos abundantes con los cuales financiar las muchas promesas del “Rayito de Esperanza”.

Aún no cuadran los números para creer que AMLO, con el hecho de aniquilar a la corrupción –suponiendo que lograra llevarlo a cabo-, podrá otorgar becas a universitarios, a los llamados ninis, aumentar la ayuda a los adultos mayores y bajar los precios de las gasolinas, entre otras cosas.

La venta del avión presidencia –que ni Obama tenía, según don Andrés- no será suficiente para engrosar las arcas públicas. El petróleo es un recurso que se está agotando y del cual exportamos cada vez menos. La recaudación de impuestos, a pesar de haber mejorado, sigue siendo baja en proporción al PIB nacional. El cambio de poder, es innegable, traerá turbulencias financieras. Por lo pronto, la salida de capitales es una realidad y no sabemos cuándo cesará, ni hasta qué monto.   

El panorama para Andrés Manuel no es el mejor en cuanto a los recursos y margen de maniobra. Las exigencias serán muchas e intensas, derivadas de las expectativas que el virtual presidente electo generó en quienes sufragaron por él. Desconocemos cuánto tiempo podría durar la luna de miel si el morenista no cumple en tiempo y forma con todo lo que ofreció, especialmente en el rubro de seguridad, donde la violencia se ha enseñoreado en toda la república mexicana. 

Una variable que puede provocar gravísimos dolores de cabeza a López Obrador, es la relación con el mandatario estadounidense. La animadversión de Donald Trump hacia México es profunda y cada vez que habla o tuitea en contra de nosotros genera mucho daño. En este tema, es obligado actuar con mucha inteligencia y delicadeza, además de la firmeza necesaria. Hoy, el vínculo entre ambas naciones dista mucho de ser el óptimo para los intereses de nuestro país.

La altísima dependencia de México respecto a Estados Unidos, impide protestas reales del gobierno; la administración López Obradorista no será excepción. Sería una tragedia que los millones de connacionales dejaran de enviar los miles de millones de dólares en remesas y que, además, fueran expulsados quienes radican allá en condición de indocumentados. Peor aún, si las exportaciones mexicanas no petroleras –el 80%- dejaran de ser adquiridas por la unión americana. 

Como se ve, y retomando el famoso “tigre” de AMLO; quien parece habérselo sacado en la rifa electoral, es justamente él. Su gestión va a estar bajo la lupa a cada instante. Cualquier error será exhibido de inmediato y quizás hasta magnificado. Otra posible “atadura” a su gobierno, sin duda, será colocada en el Congreso, si, como se proyecta, no alcanza las respectivas mayorías. En consecuencia, sus iniciativas y proyectos no podrían transitar sin obstáculos y rechazos.

Pero más allá de todas las consideraciones anteriores, lo que Andrés Manuel López Obrador debe tener muy presente, es que su triunfo obedece primordialmente al repudio que eficazmente se ganó el PRI entre la población. La patológica vocación de la alta militancia priista por robarse los recursos públicos, se desbordó en el sexenio de Enrique Peña Nieto. El propio titular del Ejecutivo se vio envuelto en la sospecha por beneficiarse desde el poder. La Casa Blanca, es una mancha indeleble en la reputación del mexiquense, así como los casos Odebrecht y la Estafa Maestra, incluidas las evidentes protecciones a Emilio Lozoya Austin, Rosario Robles Berlanga y Gerardo Ruiz Esparza. 

Un tercer intento permitió que López Obrador realizara, al fin, su anhelado sueño de ser presidente de México. El ex priista, aprovechó perfectamente los innumerables tumbos del gobierno de Peña Nieto y con ellos los venció. La pestilencia de los gobernadores ladrones emergidos del Revolucionario Institucional, inundó al país y exacerbó la repulsa a ese partido político. Resulta imprescindible subrayar que son los jóvenes quienes constituyen uno de los mayores soportes en la popularidad de AMLO. Muchos de ellos, no obstante, desconocen a detalle que él político nacido en Tabasco, hoy enarbolado en la “izquierda”, se formó y militó en las filas del arcaico y mañoso PRI.

Habrá que esperar a que se oficialice la histórica conquista de Andrés Manuel López Obrador; concederle el beneficio de la duda para saber si, efectivamente, es el verdadero líder que México necesita con urgencia para sacarlo en definitiva de la mediocridad y el subdesarrollo en que lo han postrado los voraces y perniciosos gobiernos priistas sin olvidar la docena trágica panista.

Ojalá que el cambio decidido por la mayoría ciudadana sea para bien y no resulte contraproducente. Nadie en su sano juicio desea que a López Obrador le vaya mal como presidente. Sin embargo, de él depende, en base a cumplir sus promesas y hacerlo con eficiencia y honestidad, alcanzar la estatura de sus ejemplos presidenciales: Benito Juárez y Lázaro Cárdenas, o simplemente quedarse en el embuste de un demagogo y ambicioso mandatario bananero. Sí, de él depende, de nadie más.

@BTU15