Proyectos privados en sustitución de políticas públicas

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Eduardo Torreblanca

El Gobierno Federal ha renunciado a mantener bajo su causa la promoción de varias actividades económicas. Ha desparecido al INADEM, el organismo que promovía el turismo en la República está muerto presupuestalmente para el 2019 y PROMÉXICO vivirá la misma suerte.

Habrá un importante vacío en estas funciones pero es probable que el hueco que la decisión pública ha ocasionado pueda ocuparse por actividades privadas, precisamente por una parte pequeña de profesionales que atendían esas responsabilidades. Le explico.

El autor de esta columna ha conseguido hablar con personas que ocupaban niveles directivos en estos organismos. Más allá del desánimo que les ha ocasionado la nula voluntad gubernamental en las labores de promoción que  ellos desarrollaban, distinguen importantes áreas de oportunidad que inicialmente desearían atender en alguna medida.

Por ejemplo: en el caso del INADEM hay incipientes intentos para coordinar un proyecto de alianzas estratégicas múltiples entre pocos actores relevantes del ejercicio de incubación y posiblemente aceleración comercial. Lo que desean quienes ahora inician pláticas para ver si ello es posible coinciden en que con dos o tres  centros educativos relevantes en procesos de incubación será posible quizá que algunos inversionistas ángeles comprometan su acción para financiar las labores de proyectos empresariales disruptivos cuando éstos tengan relación directa con la solución a problemas específicos de alcance nacional.

Para el caso de el CPTM, el Consejo de Promoción Turística, ya existen pláticas entre algunos ex directivos para articular ideas de cómo pudiera funcionar un organismo privado que promoviera algunas plazas turísticas que contaran con el presupuesto necesario para  realizar promoción  que les hiciera falta.

Para el caso de ProMéxico la complicación radica en que difícilmente  se puede pensar en promover la presencia de productos mexicanos en ferias internacionales sin que haya un patrocinador que lleve parte de la inversión que se requiere para que un empresario de pequeña talla pueda estar presente en la promoción de sus productos o servicios en ferias en otras latitudes  del mundo.

En este caso se está pensando en una representación que exente la necesidad de que el empresario asista personalmente a las citas de negocio y que esas tareas las puedan desempeñar algunos representantes de un organismo privado que apoyado en las nuevas tecnologías pueda ofrecer a la empresa o particular presuntamente interesado en la oferta mexicana detalles de los productos o servicios reduciendo al máximo posible las inversiones necesarias en la tarea de promoción.

Intenciones existen pero será muy complejo que estas iniciativas tomen forma en el corto plazo tomando en cuenta que para que ello ocurra se requieren recursos y no pocos.

No hay universidades o centros educativos técnicos con presupuestos suficientes como para costear al 80 por ciento el servicio de una incubación.

Será complicado pensar que inversionistas ángel tengan la iniciativa de colocar inversiones en un proyecto disruptivo que no tenga cierta tracción incluida y más complicado se antoja que en el extranjero haya quien asista a una feria internacional para promover productos mexicanos a distancia contando con pocos elementos para hacerlo.

 Es muy probable que llegue un momento en el que no pueda contestar a ciertas preguntas técnicas o se vea impedido a contar con argumentos suficientes como para motivar a un comprador.

Pero bueno... toda iniciativa será mejor que quedarse con los brazos cruzados sin aprovechar las áreas de oportunidad que las renuncias han dejado a flor de piel.

Lo cierto es que la factura de la decisión del Gobierno Federal tardaremos en apreciarla en su dimensión precisa. Ojalá nos equivoquemos por mucho.