Santiago Nieto, la burda venganza

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Benjamín Torres

A unos cuantos días de que el presidente Enrique Peña Nieto exonerara a la corrupción de casi todo lo malo que sucede en el país, el despido del fiscal especializado para la Atención de Delitos Electorales, Santiago Nieto Castillo, por el encargado del despacho en la Procuraduría General de la República (PGR), Alberto Elías Beltrán, parece refutar abiertamente al mandatario.

De acuerdo con la dependencia federal, Nieto Castillo “transgredió lo dispuesto en el Código de Conducta de la Procuraduría General de la República”. Una justificación inverosímil impregnada de burda venganza, luego de que el ahora extitular de la Fepade revelara, en entrevista a un diario de circulación nacional, las presiones del exdirector de Pemex, Emilio Lozoya Austin, para que en las pesquisas que se llevan a cabo por los presuntos sobornos de 10 millones de dólares que supuestamente habría dispensado Odebrecht, lo declarara públicamente inocente.

En uno más de los yerros que ha caracterizado a la actual administración, la separación del cargo del fiscal especializado no ha hecho sino victimizarlo y exacerbar las sospechas de que, efectivamente, el primer círculo del mandatario tiene una larga cola que le pisarán en cualquier momento; sobre todo aquellos señalados de estar involucrados en el “financiamiento ilegal” de la campaña presidencial del 2012. De otra forma no se entiende la desesperación oficial por proteger a Lozoya Austin.

Hoy, Peña Nieto y su equipo han dado el pretexto perfecto para que sus adversarios políticos se regodeen y los ataquen por tan vulgar acto, al tiempo de exhibirlos ante la sociedad como el tramposo PRI-gobierno de siempre. La ola de indignación permeó de inmediato entre la población y continúa acrecentando el repudio al partido en el poder. Tal parece que en Los Pinos y en la sede de Insurgentes no aprendieron la lección asestada por el electorado en junio del 2016, cuando perdieron 7 de 12 gubernaturas, entre éstas, 4 donde siempre habían detentado el gobierno: Veracruz, Quintana Roo, Durango y Tamaulipas. Un mensaje claro y contundente.

No hay duda que los próximos días serán muy turbulentos para la bancada priista en el Senado, a donde acudirá Nieto Castillo para defenderse y luchar para que lo reinstalen, pues, al igual que la mayoría de la sociedad, no cree que mediante este tipo de exabruptos “la Procuraduría General de la República reitera su compromiso de vigilar que las actuaciones de los servidores públicos sean apegadas a la legalidad y ética institucional, así como a las disposiciones de la investigación del Sistema Procesal Penal Acusatorio, protegiendo en todo momento los derechos humanos de la sociedad en su conjunto”. Y no se cree ni se confía en la PGR por el manejo perverso que tradicionalmente el gobierno le ha dado para los “usos” políticos que le acomodan.

Lo que no admite controversias es el hecho de que el fiscal para la Atención de los Delitos Electorales se tornó un funcionario demasiado incómodo y hasta peligroso en el espinoso caso de la corrupta empresa brasileña Odebrecht. La gota que derramó el vaso y exasperó a más de un personaje en la Residencia Oficial —y además trastocó el famoso “código de conducta” de la PGR— es que Santiago Nieto haya tenido la osadía de decir públicamente la verdad acerca de Emilio Lozoya.  

Si bien este asunto tiene también implicaciones jurídicas, lo cierto es que el escandaloso cese de Nieto Castillo está subordinado a directrices emanadas desde el Ejecutivo federal. Siempre ha sido así, una de las más letales perversiones en la aplicación de la justicia aparece irremediablemente cuando se trata de ajustar cuentas a enemigos políticos, o a quienes osan romper la disciplina y los códigos no escritos de protección y opacidad que afectan a la nomenclatura. Sí, es imposible que Elías Beltrán se hubiese ido por la libre en el despido del titular de la Fepade.

Inmersos ya en el proceso electoral de 2018, la PGR se encuentra posicionada en un nivel de credibilidad deprimente, tanto que la Iglesia católica, en el editorial del semanario Desde la Fe del domingo pasado, afirmó: “Quizá no se encuentre historia tan oscura como la de la Procuraduría General de la República.

“Entre las ruinas de la PGR están sepultados los procuradores que se valieron del miedo y la intimidación, de los fraudes y mentiras, del fastidio y cansancio, de fugas y simulación, de incapacidad y prepotencia. Lo peor que pudo pasar es haberlo asociado a la íntima relación, casi de hermanos, con el superior, el Presidente de la República”, agregó el clero.

Mientras el huracán categoría 5 se le viene encima al PRI-gobierno, ya el PAN, PRD, Morena, PT, Mexicanos contra la Corrupción, académicos, intelectuales, empresarios y buena parte de la sociedad civil le han echado montón por su acción autoritaria y silvestre. No, en definitiva el PRI no aprende. Sigue siendo el mismo partido cargado de corrupción, cínicos, demagogos y políticos voraces y mediocres. Las mismas prácticas antidemocráticas del siglo pasado se presentan en pleno siglo XXI.

@BTU15